viernes, 30 de noviembre de 2007
viernes, 5 de octubre de 2007
jueves, 6 de septiembre de 2007
Capítulo 46
DIA DE TORMENTA
Monte Pucio era curioso, travieso. De vertientes sur y norte, carecía de las Este y Oeste.
Divertido en su subida y travieso en bajada. Plagado de trampas mosca en el sur y acueductos resbaladizos en el norte.
Sin grandes bosques que mirar tan solo tres árboles frutales en caída con piezas de fruta complicada de alcanzar.
Tres despeños en el empeño.
De color verde y vertebrado en su fondo norte como un horizonte lejano que apenas se podía divisar. Madera de costra fina y cortante, dos o tres eunucos dejaba en su caminar.
Día de tormenta. Cielos grises y bastas nubes cargadas de agua.
Monte Pucio era curioso, travieso. De vertientes sur y norte, carecía de las Este y Oeste.
Divertido en su subida y travieso en bajada. Plagado de trampas mosca en el sur y acueductos resbaladizos en el norte.
Sin grandes bosques que mirar tan solo tres árboles frutales en caída con piezas de fruta complicada de alcanzar.
Tres despeños en el empeño.
De color verde y vertebrado en su fondo norte como un horizonte lejano que apenas se podía divisar. Madera de costra fina y cortante, dos o tres eunucos dejaba en su caminar.
Día de tormenta. Cielos grises y bastas nubes cargadas de agua.
miércoles, 11 de julio de 2007
Capítulo 45
Un poco de HISTORIA II
Los extraterrestres llegaron llenos de curiosidad y buen rollito, pero poco les duró. Los terrestrianos andaban como para tontadas… A las primeras luces que vieron les metieron un obusazo que dejó el cielo en llamas y cachos de bicho durante más de dos horas. Así que las demás naves dijeron – ah, si? Pues os vais a enterar– y tocaron a replegarse. Mientras, adrenalina por bandera, los de la tierra a hostiarse entre ellos.
Pero como siempre, entre hostia y hostia, refugiados, huidos, víctimas, … Los extraterrestres que vuelven ahora con mala virgen y muchas armas y arrasan todo lo que ven. Todo, menos a los que huyen de la guerra –que, ya que huyen, no los vamos a joder nosotros…– Y así, uno de esos grupos, enterado del desastre mundial y sin tener que huir más, se asentó cerca del monte Pucio para comenzar una nueva vida.
Los extraterrestres llegaron llenos de curiosidad y buen rollito, pero poco les duró. Los terrestrianos andaban como para tontadas… A las primeras luces que vieron les metieron un obusazo que dejó el cielo en llamas y cachos de bicho durante más de dos horas. Así que las demás naves dijeron – ah, si? Pues os vais a enterar– y tocaron a replegarse. Mientras, adrenalina por bandera, los de la tierra a hostiarse entre ellos.
Pero como siempre, entre hostia y hostia, refugiados, huidos, víctimas, … Los extraterrestres que vuelven ahora con mala virgen y muchas armas y arrasan todo lo que ven. Todo, menos a los que huyen de la guerra –que, ya que huyen, no los vamos a joder nosotros…– Y así, uno de esos grupos, enterado del desastre mundial y sin tener que huir más, se asentó cerca del monte Pucio para comenzar una nueva vida.
viernes, 6 de julio de 2007
Capítulo 44
Un poco de HISTORIA
Los primeros hombres que llegaron a las tierras de lo que después fue Cecina, llegaban de muy lejos, huyendo de la terrible guerra de los mocos. Extraterrestres y amos del mundo se enfrentaron en una batalla inacabable por el dominio de la producción de mocos. Años atrás, en la GDM (Gran Depresión Mundial) la humanidad se percató del magnífico potencial de la sustancia mocosa. Ricos en sales, proteínas elásticas ultra-resistentes, y agua; los mocos se convirtieron en la principal materia prima y fuente de energía para los humanos. Como siempre, unos pocos se aprovecharon de la situación. Crearon centros de recogida, tratamiento y manufactura de tan preciada viscosidad. Enriquecerse unos a costa de otros, que malvendían hasta la última moquita, forzándose estornudos y secreciones de las más diversas formas: aspirando pimienta, cortando cebolla, colgándose boca abajo, metiéndose gusanos en la nariz y ordeñándolos luego…
A los vendedores tampoco se les daba margen, y adulteraban la sustancia con otras que hacían perder sus mejores propiedades. Así que sólo ganaban los que manufacturaban: compraban muy barato y vendían muy caro. En fin, lo de siempre. Esto llevó a un estado de malestar y pre-revolución a la población más culta. Pusieron alguna primera bomba en depósitos de mocos (imagínense los resultados de la metralla…). Y en ello estaban cuando unas luces en el cielo asombraron y boquiabrieron a todos: existían, y ya estaban allí.
Los primeros hombres que llegaron a las tierras de lo que después fue Cecina, llegaban de muy lejos, huyendo de la terrible guerra de los mocos. Extraterrestres y amos del mundo se enfrentaron en una batalla inacabable por el dominio de la producción de mocos. Años atrás, en la GDM (Gran Depresión Mundial) la humanidad se percató del magnífico potencial de la sustancia mocosa. Ricos en sales, proteínas elásticas ultra-resistentes, y agua; los mocos se convirtieron en la principal materia prima y fuente de energía para los humanos. Como siempre, unos pocos se aprovecharon de la situación. Crearon centros de recogida, tratamiento y manufactura de tan preciada viscosidad. Enriquecerse unos a costa de otros, que malvendían hasta la última moquita, forzándose estornudos y secreciones de las más diversas formas: aspirando pimienta, cortando cebolla, colgándose boca abajo, metiéndose gusanos en la nariz y ordeñándolos luego…
A los vendedores tampoco se les daba margen, y adulteraban la sustancia con otras que hacían perder sus mejores propiedades. Así que sólo ganaban los que manufacturaban: compraban muy barato y vendían muy caro. En fin, lo de siempre. Esto llevó a un estado de malestar y pre-revolución a la población más culta. Pusieron alguna primera bomba en depósitos de mocos (imagínense los resultados de la metralla…). Y en ello estaban cuando unas luces en el cielo asombraron y boquiabrieron a todos: existían, y ya estaban allí.
miércoles, 4 de julio de 2007
Capítulo 43
LISTURA
En la madrugada del día siete, en el cobertizo , junto a la fogata vespertina...
-Mama, quién es este chico tan gracioso?
-Es Adol, tu hermano-
-Parece listo, esta leyendo un libro.-
-Sí, aprende rápido, además, como ve y oye... pues es listo-.
-Ahora déjalo, tiene que ir a comer con Greta, la vecina-
-Hola Carlo, encantado de conocerte, mama querida me había hablado de ti-
-Pero si habla!-
-También, sí, es listo-
-Vaya, vaya-
Con todo esto y, a otra parte, Tejo con su cuadro escondido y Nadia perdida.
-Te pierdes, te pierdes- voz en off.
Carlo sosegado ya por los continuos sopesares...
Instigado a la muerte por tribunos de Arconte...
Perdido en el barco de la infamia....
-Calumnias, calumnias- voz en off.
-Y... conoce a Tejo?-
En la madrugada del día siete, en el cobertizo , junto a la fogata vespertina...
-Mama, quién es este chico tan gracioso?
-Es Adol, tu hermano-
-Parece listo, esta leyendo un libro.-
-Sí, aprende rápido, además, como ve y oye... pues es listo-.
-Ahora déjalo, tiene que ir a comer con Greta, la vecina-
-Hola Carlo, encantado de conocerte, mama querida me había hablado de ti-
-Pero si habla!-
-También, sí, es listo-
-Vaya, vaya-
Con todo esto y, a otra parte, Tejo con su cuadro escondido y Nadia perdida.
-Te pierdes, te pierdes- voz en off.
Carlo sosegado ya por los continuos sopesares...
Instigado a la muerte por tribunos de Arconte...
Perdido en el barco de la infamia....
-Calumnias, calumnias- voz en off.
-Y... conoce a Tejo?-
Capítulo 42
SOBREMESA-el porqué
Después de cenar, un reposo.
Como el oso, Rano-Cuano, lleno y esponjoso.
Medio flipado, de hecho, por el jengibre de dos años en barbecho.
–De aquí al lago hay un trecho– proclamó el viejo.
–Pero a lo hecho, pecho–
Contestó su admirada e imaginaria criatura
(de hermoso pelo y estrecha figura).
Tejó explicó su andadura,
de cómo se metió en el túnel del trasmundo,
a pesar del miedo y el decapitado Hombre-bala –nauseabundo-.
Y de cómo, a tientas, anduvo a lo largo de la cueva,
distancia severa, como coño de ramera.
Y llegó a una chimenea, donde se adivinaba algo,
–no sabía si bueno o malo– aclaró a Rano-Cuano.
Y se acercó y algo lo absorbió.
Hacia arriba, hacia un lado,
intentando respirar, agonizando,
al fin llegó al pozo, donde,
con ayuda del batracio, salió reptando.
Después de cenar, un reposo.
Como el oso, Rano-Cuano, lleno y esponjoso.
Medio flipado, de hecho, por el jengibre de dos años en barbecho.
–De aquí al lago hay un trecho– proclamó el viejo.
–Pero a lo hecho, pecho–
Contestó su admirada e imaginaria criatura
(de hermoso pelo y estrecha figura).
Tejó explicó su andadura,
de cómo se metió en el túnel del trasmundo,
a pesar del miedo y el decapitado Hombre-bala –nauseabundo-.
Y de cómo, a tientas, anduvo a lo largo de la cueva,
distancia severa, como coño de ramera.
Y llegó a una chimenea, donde se adivinaba algo,
–no sabía si bueno o malo– aclaró a Rano-Cuano.
Y se acercó y algo lo absorbió.
Hacia arriba, hacia un lado,
intentando respirar, agonizando,
al fin llegó al pozo, donde,
con ayuda del batracio, salió reptando.
Capítulo 41
CON DUO
-Santas Clantas, santas clantas-
Carlo, despierto o dormido?. No podía creer lo que que escuchaba en la cercanía de su mirar. Una niña, con sonrisa puesta y voz arriera en un cantar y saltar feliz y dichoso.
Conforme se acercaba más y más a él, un temor y una presencia. Esa niña le era familiar o acaso era un familiar?
Miró a su madre tumbada bajo columnas inmensas pero ésta, dormía.
Otro mirar en dirección a la niña cantante y, desaparecida en afonía su cuerpo.
Carlo pensó estar soñando, reposó su cabeza y - Santas clantas, santas calntas-.
Incorporó su corpachón y miró alrededor de los alrededores- mucho mirar-.
Allá la vio, saltando, brincando y una sonrisa.
-Quién eres?-
-Nadia de Nadie.
-Ah.
Carlo preguntándose
Nadia, presurándose.
Un sueño, un cuadro y una canción.
La madre querida en sueño, carbonizada y
unos zapatos rojos en sus pies.
-Mi padre con un cuadro bajo el brazo, sordo, y mi madre querida, ciega.-
-Pregunta a Tejo-
Dos voces al unísono. Dos miradas perdidas. Nadia de Nadie y una circunspecta madre con voz a duo...
-Pregunta a Tejo-
-Santas Clantas, santas clantas-
Carlo, despierto o dormido?. No podía creer lo que que escuchaba en la cercanía de su mirar. Una niña, con sonrisa puesta y voz arriera en un cantar y saltar feliz y dichoso.
Conforme se acercaba más y más a él, un temor y una presencia. Esa niña le era familiar o acaso era un familiar?
Miró a su madre tumbada bajo columnas inmensas pero ésta, dormía.
Otro mirar en dirección a la niña cantante y, desaparecida en afonía su cuerpo.
Carlo pensó estar soñando, reposó su cabeza y - Santas clantas, santas calntas-.
Incorporó su corpachón y miró alrededor de los alrededores- mucho mirar-.
Allá la vio, saltando, brincando y una sonrisa.
-Quién eres?-
-Nadia de Nadie.
-Ah.
Carlo preguntándose
Nadia, presurándose.
Un sueño, un cuadro y una canción.
La madre querida en sueño, carbonizada y
unos zapatos rojos en sus pies.
-Mi padre con un cuadro bajo el brazo, sordo, y mi madre querida, ciega.-
-Pregunta a Tejo-
Dos voces al unísono. Dos miradas perdidas. Nadia de Nadie y una circunspecta madre con voz a duo...
-Pregunta a Tejo-
Capítulo 40
EL CUADRO
Tejo salió del pozo con ayuda de Rano-Cuano y, comenzando una animada conversación de esto y lo otro, se percataron de su longeva vecindad. Tejo entró en la casa, invitando al recién conocido Rano-Cuano que no veía ya de hambre que tenía. –Ah, estás aquí!– Dijo Tejo a Ayuda, su amiga imaginaria. Ponnos un poco de jengibre, anda, que venimos los dos que caemos de sustos varios. El batracio sugirió que algo de comer no estaría mal tampoco –Algo de comer no estaría mal…–dijo. Y fue cuando Tejo fue al armario de las viandas a sacar algo de pan con liendres cuando se fijó en aquel cuadro… Un viejo amigo se lo regaló en otros tiempos. Aquellos tiempos sanos y verdes, que corrían más lentos o rápidos según se mirara… Aquel cuadro… Un circo y un animal piernicurvo en un monociclo… era todo tan familiar…
Tejo salió del pozo con ayuda de Rano-Cuano y, comenzando una animada conversación de esto y lo otro, se percataron de su longeva vecindad. Tejo entró en la casa, invitando al recién conocido Rano-Cuano que no veía ya de hambre que tenía. –Ah, estás aquí!– Dijo Tejo a Ayuda, su amiga imaginaria. Ponnos un poco de jengibre, anda, que venimos los dos que caemos de sustos varios. El batracio sugirió que algo de comer no estaría mal tampoco –Algo de comer no estaría mal…–dijo. Y fue cuando Tejo fue al armario de las viandas a sacar algo de pan con liendres cuando se fijó en aquel cuadro… Un viejo amigo se lo regaló en otros tiempos. Aquellos tiempos sanos y verdes, que corrían más lentos o rápidos según se mirara… Aquel cuadro… Un circo y un animal piernicurvo en un monociclo… era todo tan familiar…
Capítulo 39
UN CUADRO
Enredado entre las gentes y observado por los infantes, Carlo dispuso de poco más de dos minutos para cercar al corajudo hombre del cuadro y susurrar en su oído-padre querido, he vuelto-.
El padre quedó paralizado. Sus ojos enormes con figuración asombrada y sin más que decir.
Sí, el padre era sordo. Todos los esfuerzos del pobre Carlo fueron infructuosos aquella mañana de festejos.
Carlo, enmarañado.
A su vuelta a lo más parecido al Partenón, Elena- su madre- lo miró con preocupación.
-Puedo notar la tristeza en tu mirar Carlo-
-Madre querida, padre es sordo-
-Lo es, lo supe cuando jamás escuché una palabra amable suya, es más, ninguna palabra salió jamás de él-.
-Madre, y por qué es sordo?-
Carlo en tembloroso llanto y un precipitar de lágrimas.
Una madre con zapatos rojos y piel negra meciendo una cabeza.
-Carlo, pregunta a Tejo el por qué de tu padre-
-Y el cuadro? Por qué portaba el cuadro?-
-Pregunta a Tejo, pregunta y encontraras respuestas.-
-Tejo...-
Enredado entre las gentes y observado por los infantes, Carlo dispuso de poco más de dos minutos para cercar al corajudo hombre del cuadro y susurrar en su oído-padre querido, he vuelto-.
El padre quedó paralizado. Sus ojos enormes con figuración asombrada y sin más que decir.
Sí, el padre era sordo. Todos los esfuerzos del pobre Carlo fueron infructuosos aquella mañana de festejos.
Carlo, enmarañado.
A su vuelta a lo más parecido al Partenón, Elena- su madre- lo miró con preocupación.
-Puedo notar la tristeza en tu mirar Carlo-
-Madre querida, padre es sordo-
-Lo es, lo supe cuando jamás escuché una palabra amable suya, es más, ninguna palabra salió jamás de él-.
-Madre, y por qué es sordo?-
Carlo en tembloroso llanto y un precipitar de lágrimas.
Una madre con zapatos rojos y piel negra meciendo una cabeza.
-Carlo, pregunta a Tejo el por qué de tu padre-
-Y el cuadro? Por qué portaba el cuadro?-
-Pregunta a Tejo, pregunta y encontraras respuestas.-
-Tejo...-
Capítulo 38
INMORTABILIDAD IV
Rano-Cuano, agitado y cansado de buscar el sol en el agua, veía por fin como éste desaparecía tras el monte Pucio. Un nuevo anochecer, en pos de un nuevo atardecer. Aullidos lejanos de lobos de roto corazón. Sombras que crecen desde el Este mientras lo que queda de luz corre hacia el ya oculto sol. Si no fuera por ser la hora que sería -extrusión-…
Rano-Cuano se encogió una vez más. Esa hora le desagradaba bastante. Le inquietaba, más bien. Comía, eso sí, como si fuera el último día. Mosquitos, luciérnagas, hormigas, saltamontes y polillas lo inundaban todo y ofrecían un bufete libre a Rano-Cuano, que se ponía hasta el culo de bichos. Pero, héteme aquí que esa noche no había bicho alguno rondando. Rano-Cuano buscaba a diestro y siniestro sin fruto ninguno. Nada se movía en el aire ni entre los hierbajos. Tremenda tragedia. –Daré una vuelta– se dijo sin estar muy convencido, pues la negrura de la noche, que caía como una densa maldición sobre el ambiente, la aterrorizaba. Comenzó su andadura alrededor del pozo, por si las moscas –ironía–. Pero nada. Nada de nada. De pronto, ruidos en el pozo; burbujas, chapoteo después. Y una inhalación a lo loco, a lo loco. -AAAHHHHH!- Aspiró fuertemente Tejo intentando mantenerse a flote en el pozo. –Ayuda!-gritó-Ayuda!- Pero Ayuda, su amiga imaginaria, no estaba.
Rano-Cuano, agitado y cansado de buscar el sol en el agua, veía por fin como éste desaparecía tras el monte Pucio. Un nuevo anochecer, en pos de un nuevo atardecer. Aullidos lejanos de lobos de roto corazón. Sombras que crecen desde el Este mientras lo que queda de luz corre hacia el ya oculto sol. Si no fuera por ser la hora que sería -extrusión-…
Rano-Cuano se encogió una vez más. Esa hora le desagradaba bastante. Le inquietaba, más bien. Comía, eso sí, como si fuera el último día. Mosquitos, luciérnagas, hormigas, saltamontes y polillas lo inundaban todo y ofrecían un bufete libre a Rano-Cuano, que se ponía hasta el culo de bichos. Pero, héteme aquí que esa noche no había bicho alguno rondando. Rano-Cuano buscaba a diestro y siniestro sin fruto ninguno. Nada se movía en el aire ni entre los hierbajos. Tremenda tragedia. –Daré una vuelta– se dijo sin estar muy convencido, pues la negrura de la noche, que caía como una densa maldición sobre el ambiente, la aterrorizaba. Comenzó su andadura alrededor del pozo, por si las moscas –ironía–. Pero nada. Nada de nada. De pronto, ruidos en el pozo; burbujas, chapoteo después. Y una inhalación a lo loco, a lo loco. -AAAHHHHH!- Aspiró fuertemente Tejo intentando mantenerse a flote en el pozo. –Ayuda!-gritó-Ayuda!- Pero Ayuda, su amiga imaginaria, no estaba.
martes, 3 de julio de 2007
Capítulo 37
VARA
No era aquél momento para pausas ni soliloquios. Las cosas pasaban tan velozmente que parecía que nada ocuerriera. Carlo, fatigado por sus pesares- madre carbonizada, cuerpo imperfecto- no cesaba en su empeño.
-Qué empeño?-
-Es pronto, atiende-.
Unas fiestas.
Un pueblo en danza.
Un conglomerado de hombres de gran cabeza y cuerpo pequeño con vara y esponja en un extremo.
Carlo, tras, escondido.
-Qué bien ha quedado eso-
-Sí, también es calidad.-
Una luz en su cabeza- ironía-.
Un perseguir a uno tras un flanco y asestarle gran porrazo.
Dispuesto de su gran careta y con vara en su mano, unos ojos en una muchedumbre, acechando, buscando a un padre del cual apenas tenía recuerdo.
Un afilado mentón y con él, bajo el brazo, un cuadro.
Carlo lo había encontrado.
Mientras, una madre quemada y al fondo, lo más parecido al Partenón.
No era aquél momento para pausas ni soliloquios. Las cosas pasaban tan velozmente que parecía que nada ocuerriera. Carlo, fatigado por sus pesares- madre carbonizada, cuerpo imperfecto- no cesaba en su empeño.
-Qué empeño?-
-Es pronto, atiende-.
Unas fiestas.
Un pueblo en danza.
Un conglomerado de hombres de gran cabeza y cuerpo pequeño con vara y esponja en un extremo.
Carlo, tras, escondido.
-Qué bien ha quedado eso-
-Sí, también es calidad.-
Una luz en su cabeza- ironía-.
Un perseguir a uno tras un flanco y asestarle gran porrazo.
Dispuesto de su gran careta y con vara en su mano, unos ojos en una muchedumbre, acechando, buscando a un padre del cual apenas tenía recuerdo.
Un afilado mentón y con él, bajo el brazo, un cuadro.
Carlo lo había encontrado.
Mientras, una madre quemada y al fondo, lo más parecido al Partenón.
Capítulo 36
CASI
Tejo buscaba, sin pausa y sin resultados, a Nadia, o a Astrakan, o a las dríadas o un poquito de jengibre… pero nada. Hasta que de pronto, algo. Una especie de cueva en el fondo del trasmundo daba una esperanza al viejo Tejo. Se acercó con cautela a la oquedad, enmarcada por algas mutantes y cangrejos de amianto. Miró hacia dentro y no vió nada. --–Normal...-– pensó -– está oscuro…cómo voy a ver…?
En fin, en esas andaba el viejo Tejo cuando notó una presencia. Algo le empujó por detrás, vamos. Era el Hombre-bala, que no le había visto. –Joder…No te he visto-, claro, estás aquí, donde lo oscuro…Pero, pasa, pasa, que cuando llegas a la mitad ya se ve…–
Tejo desconfiaba un poco… Aquel ser, carbonizado en otros tiempos, daba un poco de mal rollito, con esos ojos blancos sobre ese cuerpo tan chamuscado.
–Hijo, no sé… todo es tan raro aquí… Sólo quiero saber de la niña y llevármela de vuelta a casa– dijo Tejo el viejo.
JAJAJAJAJAJA – rió el esperpéntico abrasado
–Crees que tan fácil es?–
–Yo…–
–Viejo loco… Nunca debieras haber venido aquí…–
–Yo…–
–Sí..tú…jajajjajaja–
Y así reía el quemado Hombre-bala cuando de pronto… SPRAUM!! Un tiburón fantasma pasó con hambre y una dentadura de 563 puntiagudos dientes y se llevó de cuajo la cabeza del chamuscado, cuyos brazos quedaron moviéndose en posición de reír.
Tejo lo flipó una vez más y susurró…–hombre-bala…–
Tejo buscaba, sin pausa y sin resultados, a Nadia, o a Astrakan, o a las dríadas o un poquito de jengibre… pero nada. Hasta que de pronto, algo. Una especie de cueva en el fondo del trasmundo daba una esperanza al viejo Tejo. Se acercó con cautela a la oquedad, enmarcada por algas mutantes y cangrejos de amianto. Miró hacia dentro y no vió nada. --–Normal...-– pensó -– está oscuro…cómo voy a ver…?
En fin, en esas andaba el viejo Tejo cuando notó una presencia. Algo le empujó por detrás, vamos. Era el Hombre-bala, que no le había visto. –Joder…No te he visto-, claro, estás aquí, donde lo oscuro…Pero, pasa, pasa, que cuando llegas a la mitad ya se ve…–
Tejo desconfiaba un poco… Aquel ser, carbonizado en otros tiempos, daba un poco de mal rollito, con esos ojos blancos sobre ese cuerpo tan chamuscado.
–Hijo, no sé… todo es tan raro aquí… Sólo quiero saber de la niña y llevármela de vuelta a casa– dijo Tejo el viejo.
JAJAJAJAJAJA – rió el esperpéntico abrasado
–Crees que tan fácil es?–
–Yo…–
–Viejo loco… Nunca debieras haber venido aquí…–
–Yo…–
–Sí..tú…jajajjajaja–
Y así reía el quemado Hombre-bala cuando de pronto… SPRAUM!! Un tiburón fantasma pasó con hambre y una dentadura de 563 puntiagudos dientes y se llevó de cuajo la cabeza del chamuscado, cuyos brazos quedaron moviéndose en posición de reír.
Tejo lo flipó una vez más y susurró…–hombre-bala…–
sábado, 30 de junio de 2007
Capítulo 35
UNA COPA DE MÁS
-Carlo, has bebido-
- sí querida mama-
-Rico, rico eh?-
-Es lo que tiene, me cuesta hasta escribir-
-Con la izquierda, estas escribiendo con la izquierda-
Carlo presentaba desde pequeño unas dotes.
-Deberías ir a descansar madre, te veo negra-
-Es el fuego hijo, churrusca un poco- Euskerismo-.
-Ya pero... pareces Kunta-Kinte-
-Quién?-
-Déjalo mama querida, descansa-
Carlo y sus dotes adivinatorias.
-Estas raro Carlo.-
-Es la humedad, me deja seco- ironía-.
-No lo digo por eso, es que ese sombrero...-
-Deberías descansar madre, no es un sombrero, es...
-Qué es? dímelo por Dios-
- No es momento, escucha, el viento, el miedo.-
Carlo en consuelo de una madre carbonizada.
La madre, recogiendo algodón en sueños.
-Carlo, no veo-
-Eres ciega mama querida-
-Ah, ya decía yo...-
-Deberías bailar algún día-
-Lo se, pero tu padre... tu padre no sabe-
-Madre querida, no tiene piernas-
-Ya decía yo...-
Calumnias...al fondo, un Partenón.
-Carlo, has bebido-
- sí querida mama-
-Rico, rico eh?-
-Es lo que tiene, me cuesta hasta escribir-
-Con la izquierda, estas escribiendo con la izquierda-
Carlo presentaba desde pequeño unas dotes.
-Deberías ir a descansar madre, te veo negra-
-Es el fuego hijo, churrusca un poco- Euskerismo-.
-Ya pero... pareces Kunta-Kinte-
-Quién?-
-Déjalo mama querida, descansa-
Carlo y sus dotes adivinatorias.
-Estas raro Carlo.-
-Es la humedad, me deja seco- ironía-.
-No lo digo por eso, es que ese sombrero...-
-Deberías descansar madre, no es un sombrero, es...
-Qué es? dímelo por Dios-
- No es momento, escucha, el viento, el miedo.-
Carlo en consuelo de una madre carbonizada.
La madre, recogiendo algodón en sueños.
-Carlo, no veo-
-Eres ciega mama querida-
-Ah, ya decía yo...-
-Deberías bailar algún día-
-Lo se, pero tu padre... tu padre no sabe-
-Madre querida, no tiene piernas-
-Ya decía yo...-
Calumnias...al fondo, un Partenón.
viernes, 29 de junio de 2007
Capítulo 34
Inmortabilidad III
Andaba Rano-Cuano sentado –ironía-, observando sus cosas de la vida, cuando le pareció fliparlo. El sol, en lo alto, iluminaba todo lo que no se ocultaba en las sombras del cobijo. La hierba: iluminada; los olivos: iluminados; el bordecillo del pozo: iluminado; Tejo: a la sombra bebiendo jengibre (no te creas tú que…)(este no para de darle al morapio…). En fin, que Rano-Cuano de pronto ve que hay otro sol. –joder, … no puede ser– exclamó para sí. Observador como era, Rano-Cuano miró de nuevo al sol (no lo hagáis sin crema en los ojos) y remiró al otro sol. –Esto lo he soñado…–(fallo en Matrix)- se dijo. Veía otro astro en el agua! Pero qué sindiós! Rano-Cuano, loco de inquietud se lanzó al agua a ver ese nuevo sol. Sumergido ya, no encontró nada salvo oscuridad. Esto mosquea a cualquiera, y más a un batracio, que ya se sabe como las gastan…Total, que salió al bordecillo otra vez. Y allá arriba el sol y…Hostias! En el agua, de nuevo, otra luz brillaba.
Andaba Rano-Cuano sentado –ironía-, observando sus cosas de la vida, cuando le pareció fliparlo. El sol, en lo alto, iluminaba todo lo que no se ocultaba en las sombras del cobijo. La hierba: iluminada; los olivos: iluminados; el bordecillo del pozo: iluminado; Tejo: a la sombra bebiendo jengibre (no te creas tú que…)(este no para de darle al morapio…). En fin, que Rano-Cuano de pronto ve que hay otro sol. –joder, … no puede ser– exclamó para sí. Observador como era, Rano-Cuano miró de nuevo al sol (no lo hagáis sin crema en los ojos) y remiró al otro sol. –Esto lo he soñado…–(fallo en Matrix)- se dijo. Veía otro astro en el agua! Pero qué sindiós! Rano-Cuano, loco de inquietud se lanzó al agua a ver ese nuevo sol. Sumergido ya, no encontró nada salvo oscuridad. Esto mosquea a cualquiera, y más a un batracio, que ya se sabe como las gastan…Total, que salió al bordecillo otra vez. Y allá arriba el sol y…Hostias! En el agua, de nuevo, otra luz brillaba.
Capítulo 33
ADOL
-Adol, qué haces?-
-Estoy mirando mamá-
- Curioso, este chico es curioso-
-Curioso es que hable a los 8 meses de vida mamá-
-Qué va, tu no tienes ni idea... y, qué miras?-
-Un arenque que hay en este pozo, es curioso, cómo nada, ves?-
-Hijo mío, soy ciega-
-Qué es eso mamá querida?-
-Pues que no ves nada-
-Y, si tienes curiosidad? qué haces?-
-Me lo explican o rezo-
-Entonces, rezarás mucho no?
Tortazo y a la cuna.
Mientras, Carlo cuidando de una madre en erupción.
-Te duele madre?-
-Tu qué crees?-
-No lo se, nunca me he quemado así-
-Perdona hijo, debo de estar susceptible-
-Eso será, come algo, come-
-Dame un pedazo de pan anda. Y vete, que te van a ver, cabezón.-
-Adol, qué haces?-
-Estoy mirando mamá-
- Curioso, este chico es curioso-
-Curioso es que hable a los 8 meses de vida mamá-
-Qué va, tu no tienes ni idea... y, qué miras?-
-Un arenque que hay en este pozo, es curioso, cómo nada, ves?-
-Hijo mío, soy ciega-
-Qué es eso mamá querida?-
-Pues que no ves nada-
-Y, si tienes curiosidad? qué haces?-
-Me lo explican o rezo-
-Entonces, rezarás mucho no?
Tortazo y a la cuna.
Mientras, Carlo cuidando de una madre en erupción.
-Te duele madre?-
-Tu qué crees?-
-No lo se, nunca me he quemado así-
-Perdona hijo, debo de estar susceptible-
-Eso será, come algo, come-
-Dame un pedazo de pan anda. Y vete, que te van a ver, cabezón.-
Capítulo 32
INMORTABILIDAD II
Rano-Cuano solía pasar mucho tiempo en el bordecillo del pozo, al lado del cubo que servía para acercar el agua hasta los mortales. En Cecina siempre, o casi siempre, hacía buen tiempo, menos cuando se jodía. Pero Rano-Cuano disfrutaba de muchas tardes apacibles observando a los pájaros (Pico-Pollo, del que quizás hablemos un día, entre ellos) y a los aguiluchos. –IIGGHH, IIGGHH – También le gustaba observar a las libélulas que en aquellos tiempos flotaban a sus anchas por doquier (un beso, Eva). Se reía de los caracoles –acelera!– y de los tábanos que se perdían si se chocaban muchas veces contra el cubo (llamado pozal en otros sitios). Ya digo que Rano-Cuano se lo pasaba teta el tío. Y es que ¿hay algo más hermoso que sentarse a contemplar la vida que hay alrededor de uno? Ahí veía a las ovejas y a las abejas, al pastor y a la pastora (un beso, María), las golondrinas que entraban y salían por las ventanas de la casa vecina, las lagartijas al sol, las hormigas en fila hasta que se separaban, los escarabajos, las cucamonas,… Vamos, un sin fin de bichos, que estaba aquello que parecía la selva de los locos.
Cómo lo pasaba Rano-Cuano…
Qué agustico estaba ahí, el jodido…
Rano-Cuano solía pasar mucho tiempo en el bordecillo del pozo, al lado del cubo que servía para acercar el agua hasta los mortales. En Cecina siempre, o casi siempre, hacía buen tiempo, menos cuando se jodía. Pero Rano-Cuano disfrutaba de muchas tardes apacibles observando a los pájaros (Pico-Pollo, del que quizás hablemos un día, entre ellos) y a los aguiluchos. –IIGGHH, IIGGHH – También le gustaba observar a las libélulas que en aquellos tiempos flotaban a sus anchas por doquier (un beso, Eva). Se reía de los caracoles –acelera!– y de los tábanos que se perdían si se chocaban muchas veces contra el cubo (llamado pozal en otros sitios). Ya digo que Rano-Cuano se lo pasaba teta el tío. Y es que ¿hay algo más hermoso que sentarse a contemplar la vida que hay alrededor de uno? Ahí veía a las ovejas y a las abejas, al pastor y a la pastora (un beso, María), las golondrinas que entraban y salían por las ventanas de la casa vecina, las lagartijas al sol, las hormigas en fila hasta que se separaban, los escarabajos, las cucamonas,… Vamos, un sin fin de bichos, que estaba aquello que parecía la selva de los locos.
Cómo lo pasaba Rano-Cuano…
Qué agustico estaba ahí, el jodido…
jueves, 28 de junio de 2007
Capítulo 31
UN DIA DE TARDE
-Calumnias-
-Calumnias o columnas...?-
-¡Calumnias de donde te crees que viene!-
-Ah, claro...-
Calumnias de pronto y sin fundamento.
Calumnias y un lamento.-dolor-
Una madre en brazos de un hijo despreciado.
Un hijo, con prudencia.
Dolor.
-Eso ha sido precioso-
-Sí, cuando me pongo así...-
-Eres original, además de culto-
-No se, me sale, creo que a eso le llaman calidad-
-Eso iba a decir yo-
Al fondo, lo más parecido al Partenón.
-Calumnias-
-Calumnias o columnas...?-
-¡Calumnias de donde te crees que viene!-
-Ah, claro...-
Calumnias de pronto y sin fundamento.
Calumnias y un lamento.-dolor-
Una madre en brazos de un hijo despreciado.
Un hijo, con prudencia.
Dolor.
-Eso ha sido precioso-
-Sí, cuando me pongo así...-
-Eres original, además de culto-
-No se, me sale, creo que a eso le llaman calidad-
-Eso iba a decir yo-
Al fondo, lo más parecido al Partenón.
Capítulo 30
UN DIA CUALQUIERA
En los días del dragón nadie nadaba.
Todos eran un remanso de paz en casas propias, nadie nadaba.
En los días del dragón nadie lloraba, todos reían, nadie nadaba y nadie lloraba.
En los días del dragón nadie gritaba ni hablaba hacia atrás, todo era comprensión. Nadie nadaba ni hablaba hacia atrás ni lloraba siquiera.
En los días del dragón las casas se iluminaban con luces opacas que no dejaban pasar improvistos.
Los días del dragón, el 4 de Julio y el 8 de Enero.
Carlo enfundado en traje de Domingo y, su madre, llorando el día del dragón.
¡¡¡¡¡Calamidad!!!!!
Muchedumbre a lo largo de una aldea espantada por los acontecimientos. Una hoguera, una vida hermosa bajo el fuego.
Un lago, donde mecer su cuerpo abrasado, donde curar las heridas de un pasado y un presente.
Carlo el día del dragón, su madre, en erupción.
Cura de amor
El día del dragón.
En los días del dragón nadie nadaba.
Todos eran un remanso de paz en casas propias, nadie nadaba.
En los días del dragón nadie lloraba, todos reían, nadie nadaba y nadie lloraba.
En los días del dragón nadie gritaba ni hablaba hacia atrás, todo era comprensión. Nadie nadaba ni hablaba hacia atrás ni lloraba siquiera.
En los días del dragón las casas se iluminaban con luces opacas que no dejaban pasar improvistos.
Los días del dragón, el 4 de Julio y el 8 de Enero.
Carlo enfundado en traje de Domingo y, su madre, llorando el día del dragón.
¡¡¡¡¡Calamidad!!!!!
Muchedumbre a lo largo de una aldea espantada por los acontecimientos. Una hoguera, una vida hermosa bajo el fuego.
Un lago, donde mecer su cuerpo abrasado, donde curar las heridas de un pasado y un presente.
Carlo el día del dragón, su madre, en erupción.
Cura de amor
El día del dragón.
Capítulo 29
INMORTABILIDAD
Rano Cuano se creía inmortal, pero no lo era, para eso está la historia, que lo pone todo en su sitio y, además, deja constancia de lo que ocurrió.
Lo que sí poseía Rano Cuano era el Don de la inmortabilidad. Es decir, que tenía pocas probabilidades de morir. Hasta que llegó el pendejo de Astrakan que, malo como la tana, mató a Rano Cuano y también a su hermana – dejà vu-
Rano Cuano vivía en el pozo de Tejo, sin que ninguno de los dos lo supiera. La hermana de Rano Cuano vivía en el lago, donde también nació el susodicho. La causa de que Rano Cuano se fuera a vivir al pozo fue que Astrakán le dijo que el pozo era de agua mágica, y el que la ingería lo flipaba y se hacía inmortal. Asrakan sólo quería que Rano Cuano se largara y le dejara alternar con la hermana. La hermana de Rano Cuano, Ranalha, era viejuna y arrugada. Y gorda. Pero a Astrakan le ponía a cien. Y así sucedió.
Rano Cuano se creía inmortal, pero no lo era, para eso está la historia, que lo pone todo en su sitio y, además, deja constancia de lo que ocurrió.
Lo que sí poseía Rano Cuano era el Don de la inmortabilidad. Es decir, que tenía pocas probabilidades de morir. Hasta que llegó el pendejo de Astrakan que, malo como la tana, mató a Rano Cuano y también a su hermana – dejà vu-
Rano Cuano vivía en el pozo de Tejo, sin que ninguno de los dos lo supiera. La hermana de Rano Cuano vivía en el lago, donde también nació el susodicho. La causa de que Rano Cuano se fuera a vivir al pozo fue que Astrakán le dijo que el pozo era de agua mágica, y el que la ingería lo flipaba y se hacía inmortal. Asrakan sólo quería que Rano Cuano se largara y le dejara alternar con la hermana. La hermana de Rano Cuano, Ranalha, era viejuna y arrugada. Y gorda. Pero a Astrakan le ponía a cien. Y así sucedió.
Capítulo 28
TENSIÓN / DESAZÓN
- joder...-
- qué?-
- que…
- qué?
- Joder… que… no se me ocurre nada
- Ah…
- Ya saldrá…
- joder...-
- qué?-
- que…
- qué?
- Joder… que… no se me ocurre nada
- Ah…
- Ya saldrá…
miércoles, 27 de junio de 2007
Capítulo 27
INSOPORTABILIDAD
Unos picores insoportables en una pequeña nariz- molestia -.
Unos ronquidos perpetuados en la noche- molestia -.
Una tripa que dificultaba sus movimientos- molestia -.
Una cabeza digna del circo- modestia -.
Un precipitar de lágrimas- angustia -.
Un matar por matar- pereza -
Una madre bella- penuria -.
Un espejo y un reflejo de una realidad- insoportable -.
Con estas premisas debería de comenzar una nueva vida. Oculto ante sus semejantes por la vergüenza de un pasado y ahora un presente.
Carlo, hundido por su desgracia, sonrió como si de una broma se tratara.
Apretó sus puños y se dijo para sí- Has de conmover un mundo ciego a una buena causa-.
-Pobre Carlo no?-
-Sí, la verdad es que en esta historia parece que va a sufrir-.
-Pobre sí, pobre. Además, alérgico...-
-Sí, además-
Unos picores insoportables en una pequeña nariz- molestia -.
Unos ronquidos perpetuados en la noche- molestia -.
Una tripa que dificultaba sus movimientos- molestia -.
Una cabeza digna del circo- modestia -.
Un precipitar de lágrimas- angustia -.
Un matar por matar- pereza -
Una madre bella- penuria -.
Un espejo y un reflejo de una realidad- insoportable -.
Con estas premisas debería de comenzar una nueva vida. Oculto ante sus semejantes por la vergüenza de un pasado y ahora un presente.
Carlo, hundido por su desgracia, sonrió como si de una broma se tratara.
Apretó sus puños y se dijo para sí- Has de conmover un mundo ciego a una buena causa-.
-Pobre Carlo no?-
-Sí, la verdad es que en esta historia parece que va a sufrir-.
-Pobre sí, pobre. Además, alérgico...-
-Sí, además-
martes, 26 de junio de 2007
Capítulo 26
EL TRASMUNDO III
La noche llegó y con ella la oscuridad y la parálisis. El trasmundo se colapsa pasado el día. Así, hay subseres que lo abandonan y deambulan como espectros en el mundo real. Siempre hasta que vuelve a salir el sol. Tejo abrió los ojos ya al día siguiente. Azul inmenso. Su reflejo allá en lo alto era borroso, como su mente confusa. Qué hacer? Volver a casa era lo que más quería. El hogar, los campos, el pozo…(el jengibre…). Pero qué iba a ser de Nadia? A dónde la habían llevado? Ella sabía como resolver todo ese misterio que le oprimía el corazón, esa sensación que no le dejaba casi respirar, esas imágenes que no le dejaban dormir…
El Cuenta cuentos, el Hombre-bala y… aún había alguien… Salido del monasterio…Siempre en oscuridad, ahora en luz…La sombra de un barco, el reflejo del miedo… Aún así, reunió valor, se incorporó y comenzó la búsqueda. No merecía la pena volver sin una solución. –Pequeña Nadia, te encontraré– Se dijo. Y en ese momento, quizás a causa de la energía que desprendía por su fe en la victoria, o por su motivación a encontrar la verdad, un camino se le abrió por delante, indicándole un rumbo suave y limpio. Lo flipó y comenzó a recorrerlo.
La noche llegó y con ella la oscuridad y la parálisis. El trasmundo se colapsa pasado el día. Así, hay subseres que lo abandonan y deambulan como espectros en el mundo real. Siempre hasta que vuelve a salir el sol. Tejo abrió los ojos ya al día siguiente. Azul inmenso. Su reflejo allá en lo alto era borroso, como su mente confusa. Qué hacer? Volver a casa era lo que más quería. El hogar, los campos, el pozo…(el jengibre…). Pero qué iba a ser de Nadia? A dónde la habían llevado? Ella sabía como resolver todo ese misterio que le oprimía el corazón, esa sensación que no le dejaba casi respirar, esas imágenes que no le dejaban dormir…
El Cuenta cuentos, el Hombre-bala y… aún había alguien… Salido del monasterio…Siempre en oscuridad, ahora en luz…La sombra de un barco, el reflejo del miedo… Aún así, reunió valor, se incorporó y comenzó la búsqueda. No merecía la pena volver sin una solución. –Pequeña Nadia, te encontraré– Se dijo. Y en ese momento, quizás a causa de la energía que desprendía por su fe en la victoria, o por su motivación a encontrar la verdad, un camino se le abrió por delante, indicándole un rumbo suave y limpio. Lo flipó y comenzó a recorrerlo.
Capítulo 25
REFLEJO
Me gustaría contar ahora el primer día en luz de Carlo. Se despertó temprano, con los primeros rayos de sol. Un recuerdo de una noche, de unos ojos y una madre. Sueño o realidad?.
Un loro verde muerto sobre la cubierta hizo que se percatara de lo ocurrido.
El hambre hizo el resto. Un desplumar a mano abierta y para adentro.
Unas manos sobre unos ojos picajosos y un destello en popa.
Conforme se acercaba al extraño reflejo que, cegaba sus ojos, un módulo iba tomando forma.
Despistado en un principio por lo que veía se escondió. Sacó una mano, luego la otra y vio que la forma al otro lado respondía de la misma manera. Un "hola" sin respuesta y un pie de nuevo en escena.
La respuesta era idéntica, un pie.
Otro "hola" y un "vaya, vaya".
Por fin salió algo temeroso de su éscondrijo y fue hacia aquel reflejo que imitaba todo cuanto hacía.
Un espejo, un llanto, una comprensión.
Lo que vio inundó sus ojos de lágrimas. Recordó las palabras de su madre " no es momento" y se acurrucó como un niño en el suelo. Con las rodillas juntas y en posición fetal, llorando y tan sólo diciendo... -Quiero volver, quiero volver...-
Me gustaría contar ahora el primer día en luz de Carlo. Se despertó temprano, con los primeros rayos de sol. Un recuerdo de una noche, de unos ojos y una madre. Sueño o realidad?.
Un loro verde muerto sobre la cubierta hizo que se percatara de lo ocurrido.
El hambre hizo el resto. Un desplumar a mano abierta y para adentro.
Unas manos sobre unos ojos picajosos y un destello en popa.
Conforme se acercaba al extraño reflejo que, cegaba sus ojos, un módulo iba tomando forma.
Despistado en un principio por lo que veía se escondió. Sacó una mano, luego la otra y vio que la forma al otro lado respondía de la misma manera. Un "hola" sin respuesta y un pie de nuevo en escena.
La respuesta era idéntica, un pie.
Otro "hola" y un "vaya, vaya".
Por fin salió algo temeroso de su éscondrijo y fue hacia aquel reflejo que imitaba todo cuanto hacía.
Un espejo, un llanto, una comprensión.
Lo que vio inundó sus ojos de lágrimas. Recordó las palabras de su madre " no es momento" y se acurrucó como un niño en el suelo. Con las rodillas juntas y en posición fetal, llorando y tan sólo diciendo... -Quiero volver, quiero volver...-
lunes, 25 de junio de 2007
Capítulo 24
ASTRAKAN II
Astrakan, de piernas curvadas,
vivía en su cobijo, entre relojes parados
y conchas lacadas.
Odiaba tanto a los humanos como a otros subseres,
miserables de la vida, perdidos trenes.
Asobinao y egoísta, a las sirenas (inalcanzables) no perdía de vista.
Su día trascurría casi siempre tumbado entre algas y sueños de grandeza.
Ante la rutina, desnuda le invadía la pereza.
Sucio, dejado, piel oscura y cabello rizado.
La cabeza ida, su pensamiento pirado.
Así era, malo como la tana:
mató a Rano Cuano y también a su hermana.
¡Fue el alcohol, fue el alcohol! Al juez reclamaba.
Pero el juez sentenció: culpable, asesino.
Malo, borracho y cabrón,
Hacer el mal fue su sino.
Astrakan, de piernas curvadas,
vivía en su cobijo, entre relojes parados
y conchas lacadas.
Odiaba tanto a los humanos como a otros subseres,
miserables de la vida, perdidos trenes.
Asobinao y egoísta, a las sirenas (inalcanzables) no perdía de vista.
Su día trascurría casi siempre tumbado entre algas y sueños de grandeza.
Ante la rutina, desnuda le invadía la pereza.
Sucio, dejado, piel oscura y cabello rizado.
La cabeza ida, su pensamiento pirado.
Así era, malo como la tana:
mató a Rano Cuano y también a su hermana.
¡Fue el alcohol, fue el alcohol! Al juez reclamaba.
Pero el juez sentenció: culpable, asesino.
Malo, borracho y cabrón,
Hacer el mal fue su sino.
Capítulo 23
EL BARCO, CONVERSACION
-Madre, eres tu?. Sal de la oscuridad, déjame verte.-
-No es momento, cuidado, el viento-
-Qué ocurre madre?-
-Escucha, abajo, el miedo-
-Madre, déjame ver tu rostro-
-No es momento, tan sólo, escucha-
-Haré del barco mi vida, mi hogar-
-Escucha, es el viento, el miedo-
Carlo todavía estaba con los ojos hinchados. Tres bolsas, una de ellas la tripa.
-Has engordado desde la última vez que te vi hijo mío-
-Madre, si no te veo desde los primeros meses de mi vida, cuando me abandonaste.
-Es cierto, tu no, pero yo sí-
-Cómo es eso?-
-No es momento... ya te contaré. Ahora he de marcharme. Escucha, el viento.-
-Madre, madre...-
Un silencio, unos ojos que desaparecidos y un loro muerto.
Carlo contrariado, intentando escuchar el viento. Apenas un susurro del agua batiendo el barco.
Cerró los ojos, enmudeció y ... escuchó...- Cabezón, huye, no te quieren aquí-
Una llamada, unas palabras o quizá... un subconsciente...
-Madre, eres tu?. Sal de la oscuridad, déjame verte.-
-No es momento, cuidado, el viento-
-Qué ocurre madre?-
-Escucha, abajo, el miedo-
-Madre, déjame ver tu rostro-
-No es momento, tan sólo, escucha-
-Haré del barco mi vida, mi hogar-
-Escucha, es el viento, el miedo-
Carlo todavía estaba con los ojos hinchados. Tres bolsas, una de ellas la tripa.
-Has engordado desde la última vez que te vi hijo mío-
-Madre, si no te veo desde los primeros meses de mi vida, cuando me abandonaste.
-Es cierto, tu no, pero yo sí-
-Cómo es eso?-
-No es momento... ya te contaré. Ahora he de marcharme. Escucha, el viento.-
-Madre, madre...-
Un silencio, unos ojos que desaparecidos y un loro muerto.
Carlo contrariado, intentando escuchar el viento. Apenas un susurro del agua batiendo el barco.
Cerró los ojos, enmudeció y ... escuchó...- Cabezón, huye, no te quieren aquí-
Una llamada, unas palabras o quizá... un subconsciente...
Capítulo 22
EL TRASMUNDO II
Una sombra de barco en la superficie, una sombra de espectro en el fondo. Del hombre bala sólo quedaban ya los azules ojos de su juventud. El resto aparecía como una masa informe y carbonizada. –Tú eres la niña que me busca…?– Preguntó el espectro. Nadia, medio asustada por primera vez, asintió con la cabeza, sin parpadear siquiera a ese par de azules inmensos e inquisidores. – A ti y al Cuenta Cuentos. Sois las piezas clave – Contestaba la niña sobreponiéndose un poco en el momento en que un grupo de sombras, salidas de la nada, avanzaron a toda velocidad hacia ellos. -–Cuidado! Son las Dríadas!– gritó el Hombre-bala. No dio tiempo a nada. Sombras, masas, gusanos, turbulencia… Confusión y soledad.
Cuando despertó Tejo del mareo causado por el torbellino de acontecimientos se encontró solo. Miró a un lado y a otro… Nada. Miró arriba. El sol parecía estar en el horizonte del mundo real. Pronto anochecería. ¿Cómo sería ese mundo tan extraño por la noche? ¿Quién se había llevado a Nadia y por qué? ¿qué sería de ella? ¿Y que iba a hacer él? Intentó entonar un La menor y susurró… -–Santas Clantas, Santas Clantas…–
Una sombra de barco en la superficie, una sombra de espectro en el fondo. Del hombre bala sólo quedaban ya los azules ojos de su juventud. El resto aparecía como una masa informe y carbonizada. –Tú eres la niña que me busca…?– Preguntó el espectro. Nadia, medio asustada por primera vez, asintió con la cabeza, sin parpadear siquiera a ese par de azules inmensos e inquisidores. – A ti y al Cuenta Cuentos. Sois las piezas clave – Contestaba la niña sobreponiéndose un poco en el momento en que un grupo de sombras, salidas de la nada, avanzaron a toda velocidad hacia ellos. -–Cuidado! Son las Dríadas!– gritó el Hombre-bala. No dio tiempo a nada. Sombras, masas, gusanos, turbulencia… Confusión y soledad.
Cuando despertó Tejo del mareo causado por el torbellino de acontecimientos se encontró solo. Miró a un lado y a otro… Nada. Miró arriba. El sol parecía estar en el horizonte del mundo real. Pronto anochecería. ¿Cómo sería ese mundo tan extraño por la noche? ¿Quién se había llevado a Nadia y por qué? ¿qué sería de ella? ¿Y que iba a hacer él? Intentó entonar un La menor y susurró… -–Santas Clantas, Santas Clantas…–
viernes, 22 de junio de 2007
Capítulo 21
BARCO I
Un lago y, en medio, un barco.
Sus velas a media altura y una botavara desprendida.
Debajo y, amarrada con una cuerda resentida en sus trazos, una pequeña embarcacion de remos.
Carlo dejó los remos con cuidado y subió por la escalera de estribor.
Frente a él un loro verde, sin habla.
A su lado dos remos más, humedos y recién estrenados.
Los miró con cautela, vio que eran para remar y aun con ello, atizó de forma brutal al loro caído en muerte.
Verdes plumajes cayeron al agua, los más feos sobre la pizarra.
Una vez hecho esto un "hola" y un silencio.
Al cabo de un silencio, unas palabras en susurro... "sí, yo te llamé".
-Vaya, vaya- silencio...
El loro levantó su cabeza todavía en muerte y la dejó caer por fin.
En la oscuridad, unos ojos azules empañados en lágrimas.
Carlo, abatido, cayó al suelo.
-Madre...-.
Un lago y, en medio, un barco.
Sus velas a media altura y una botavara desprendida.
Debajo y, amarrada con una cuerda resentida en sus trazos, una pequeña embarcacion de remos.
Carlo dejó los remos con cuidado y subió por la escalera de estribor.
Frente a él un loro verde, sin habla.
A su lado dos remos más, humedos y recién estrenados.
Los miró con cautela, vio que eran para remar y aun con ello, atizó de forma brutal al loro caído en muerte.
Verdes plumajes cayeron al agua, los más feos sobre la pizarra.
Una vez hecho esto un "hola" y un silencio.
Al cabo de un silencio, unas palabras en susurro... "sí, yo te llamé".
-Vaya, vaya- silencio...
El loro levantó su cabeza todavía en muerte y la dejó caer por fin.
En la oscuridad, unos ojos azules empañados en lágrimas.
Carlo, abatido, cayó al suelo.
-Madre...-.
Capítulo 20
EL TRASMUNDO
Esponjoso y viscoso,
suave como un bizcocho.
La sensación era la de flotar.
Azul por más señas,
las distancias de agua rellenas.
Tejo y Nadia, el viejo y la niña, deambulaban haciéndose todavía al medio. Tranquilidad, paz, relax… Algas a ritmo, peces, cangrejos y alguna culebrilla de un ojo nadaban a sus anchas por tan especial mundo.
“Santas Clantas” la niña iba cantando cuando un carbonizado espectro apareció ante ellos. –He oído que me buscabais- comentó el ser. Tejo y Nadia quedaron pensando… –El hombre-bala… – Susurró Tejo…
Esponjoso y viscoso,
suave como un bizcocho.
La sensación era la de flotar.
Azul por más señas,
las distancias de agua rellenas.
Tejo y Nadia, el viejo y la niña, deambulaban haciéndose todavía al medio. Tranquilidad, paz, relax… Algas a ritmo, peces, cangrejos y alguna culebrilla de un ojo nadaban a sus anchas por tan especial mundo.
“Santas Clantas” la niña iba cantando cuando un carbonizado espectro apareció ante ellos. –He oído que me buscabais- comentó el ser. Tejo y Nadia quedaron pensando… –El hombre-bala… – Susurró Tejo…
jueves, 21 de junio de 2007
Capítulo 19
CIRCO II
Los circos de aquella época eran singulares.
Carecían de carpas funcionales para la lluvia. Sin techumbre y apenas medios, la medida era desproporcional y proporcional al medio- un lío-.
Los elefantes y paquidermos que, en algo se diferenciaban por entonces, seguían con triste mirar a sus domadores. Sus trompas en parsimonioso baile y sus colas enrochadas.
De nombre austeros, al último Pedro.
Bañados a diario en terrenos adyacentes, el más cercano, un lago.
Mientras, en lo alto del risco, en un monasterio, Carlo admirando todo cuanto sus ojos podían ver.
-Vaya, vaya- Y sonreía...
Los circos de aquella época eran singulares.
Carecían de carpas funcionales para la lluvia. Sin techumbre y apenas medios, la medida era desproporcional y proporcional al medio- un lío-.
Los elefantes y paquidermos que, en algo se diferenciaban por entonces, seguían con triste mirar a sus domadores. Sus trompas en parsimonioso baile y sus colas enrochadas.
De nombre austeros, al último Pedro.
Bañados a diario en terrenos adyacentes, el más cercano, un lago.
Mientras, en lo alto del risco, en un monasterio, Carlo admirando todo cuanto sus ojos podían ver.
-Vaya, vaya- Y sonreía...
Capítulo 18
ASTRAKAN
Astrakan, piernicurvo y cabrón, se presentó sin más ante ellos. Derrochando maldad y saliva como si fuera el creador, les preguntó – Qué hacéis aquí? – Recién llegados y aún haciéndose a la idea y la sensación del trasmundo, Tejo y Nadia lo fliparon. Astrakan era, sin duda, un subhumano. Su enanez, acentuada mucho por la curvatura de sus pierniecillas, lo hacían desconfiado y ladino, y su afición a los licores trasmundanos lo convertían en un ser violento y peligroso. - Venimos en busca del hombre-bala y del Cuenta Cuentos, tenemos un misterio que resolver -. Esta contestación le sirvió también a Tejo, que hasta ese momento sólo le encajaba la palabra misterio y no entendía nada más. Astrakan envidiaba a los humanos tanto que le daban mareos sólo de pensar en ellos. Gesticulante y ojiblanco se acercó a los visitantes. Los olió, se dio la vuelta y marchó, no sin antes advertir que volvería. – Volveré – espetó.
Astrakan, piernicurvo y cabrón, se presentó sin más ante ellos. Derrochando maldad y saliva como si fuera el creador, les preguntó – Qué hacéis aquí? – Recién llegados y aún haciéndose a la idea y la sensación del trasmundo, Tejo y Nadia lo fliparon. Astrakan era, sin duda, un subhumano. Su enanez, acentuada mucho por la curvatura de sus pierniecillas, lo hacían desconfiado y ladino, y su afición a los licores trasmundanos lo convertían en un ser violento y peligroso. - Venimos en busca del hombre-bala y del Cuenta Cuentos, tenemos un misterio que resolver -. Esta contestación le sirvió también a Tejo, que hasta ese momento sólo le encajaba la palabra misterio y no entendía nada más. Astrakan envidiaba a los humanos tanto que le daban mareos sólo de pensar en ellos. Gesticulante y ojiblanco se acercó a los visitantes. Los olió, se dio la vuelta y marchó, no sin antes advertir que volvería. – Volveré – espetó.
Capítulo 17
LÍMITE
El viejo Tejo y Nadia se despojaron de las alpargatas y comenzaron a caminar hacia el agua azul turquesa. Tejo miraba a la niña, preguntándose como podía estar tan segura de sí misma y cómo lo había arrastrado a él hasta esa situación. Nadia lo miró sonriendo y dijo – No temas, todo irá bien…-. Tejo, sintiendo ya el frescor del agua por sus rodillas, observó – pero… no sé nadar… No te hará falta - contestó ella agarrándole una vez más de la mano. Poco a poco fueron adentrándose en las bellas aguas del lago… Hasta que desaparecieron bajo los dorados reflejos del sol.
El viejo Tejo y Nadia se despojaron de las alpargatas y comenzaron a caminar hacia el agua azul turquesa. Tejo miraba a la niña, preguntándose como podía estar tan segura de sí misma y cómo lo había arrastrado a él hasta esa situación. Nadia lo miró sonriendo y dijo – No temas, todo irá bien…-. Tejo, sintiendo ya el frescor del agua por sus rodillas, observó – pero… no sé nadar… No te hará falta - contestó ella agarrándole una vez más de la mano. Poco a poco fueron adentrándose en las bellas aguas del lago… Hasta que desaparecieron bajo los dorados reflejos del sol.
Capítulo 16
LA LUZ
En un mundo cruel donde las imperfecciones eran enviados del diablo y donde cualquier defecto notorio era percibido como mensaje del mal, un muchacho, Carlo no tenía cabida.
Con treinta y seis años cumplidos, la mayoría, los había pasado en la oscuridad.
En mazmorra de un viejo monasterio.
Con apenas unos cuidados efímeros por parte de un cuenta cuentos recién muerto y, con éste, bajo tierra ... era ya hora de salir a la luz.
Disponía de cabeza como mesa camilla de a cuatro. Unos ojos bolseros que si apretabas en ellos, lágrimas por doquier y, gordo, bastante gordo.
Oculto en la oscuridad, la muerte, la luz le dará.
Salió de su escondrijo con gracejo. Miró a su alrededor.
Nada recordaba de aquella estancia. La frialdad apoderada de un bastión en una montaña.
Copas de único uso y algún plato esparcido en una mesa de proporciones intrínsecas.- curioso-.
Cegado todavía por una luz en su apogéo tan sólo pudo decir...
- ¡vaya!-.
Mientras, abajo, en Cecina la muchedumbre agolpada, quizá temerosa, de la salida de un antiguo monstruo que creían ya olvidado.
-Parece un personaje peculiar-
-Sí, se me ha ocurrido. Ya sabes, en aquellos tiempos...-
-Sí, lo se-
-Pero no lo mates ¿vale?-
-Ummm... veremos, veremos...-
En un mundo cruel donde las imperfecciones eran enviados del diablo y donde cualquier defecto notorio era percibido como mensaje del mal, un muchacho, Carlo no tenía cabida.
Con treinta y seis años cumplidos, la mayoría, los había pasado en la oscuridad.
En mazmorra de un viejo monasterio.
Con apenas unos cuidados efímeros por parte de un cuenta cuentos recién muerto y, con éste, bajo tierra ... era ya hora de salir a la luz.
Disponía de cabeza como mesa camilla de a cuatro. Unos ojos bolseros que si apretabas en ellos, lágrimas por doquier y, gordo, bastante gordo.
Oculto en la oscuridad, la muerte, la luz le dará.
Salió de su escondrijo con gracejo. Miró a su alrededor.
Nada recordaba de aquella estancia. La frialdad apoderada de un bastión en una montaña.
Copas de único uso y algún plato esparcido en una mesa de proporciones intrínsecas.- curioso-.
Cegado todavía por una luz en su apogéo tan sólo pudo decir...
- ¡vaya!-.
Mientras, abajo, en Cecina la muchedumbre agolpada, quizá temerosa, de la salida de un antiguo monstruo que creían ya olvidado.
-Parece un personaje peculiar-
-Sí, se me ha ocurrido. Ya sabes, en aquellos tiempos...-
-Sí, lo se-
-Pero no lo mates ¿vale?-
-Ummm... veremos, veremos...-
miércoles, 20 de junio de 2007
Capítulo 15
EL LAGO II
En medio de campos mecidos por la suave brisa y enmarcado por árboles de orilla, el lago reflejaba millones de soles en sus crispadas y pequeñas olas. La leyenda contaba que el lago era una puerta al trasmundo y que si te sumergías en sus aguas convencido de ello, pasabas a otra dimensión, pudiendo encontrar entonces a personas fallecidas o incluso a subhumanos que nunca vivieron. A sus orillas llegaron Tejo Y Nadia. De la mano todavía, iluminados de la vida. -Aquí estamos-, dijo tejo. -Entremos-, dijo Nadia.
En medio de campos mecidos por la suave brisa y enmarcado por árboles de orilla, el lago reflejaba millones de soles en sus crispadas y pequeñas olas. La leyenda contaba que el lago era una puerta al trasmundo y que si te sumergías en sus aguas convencido de ello, pasabas a otra dimensión, pudiendo encontrar entonces a personas fallecidas o incluso a subhumanos que nunca vivieron. A sus orillas llegaron Tejo Y Nadia. De la mano todavía, iluminados de la vida. -Aquí estamos-, dijo tejo. -Entremos-, dijo Nadia.
viernes, 15 de junio de 2007
Capítulo 14
CECINA
En una aldea donde las damas eran todas hermosas. Donde sus miradas, precedidas de una primera sonrisa, embriagaban de amor a los pasajeros de la noche, de un partir y de un devenir.
Todos aquellos que paraban en Cecina quedaban absortos por la belleza, naturalidad y ademanes de esas preciosidades de sonrisas perfectas.
En aquella aldea ninguna de las damas trabajaba. Se dedicaban por completo al engendro y cuidado de sus vástagos.
De manera curiosa cada una de ellas protegía, cuidaba y alimentaba a los hijos de otra.
Así pues, ni celos por su belleza ni por hijos imperfectos.
Una madre jamás alimentaba al hijo propio.
Ellos de labores varias. Leñadores, alfareros y en ocasiones,lamineros.
De todas aquellas damas Elena la más bella.
Su marido leñador y con nombre de alimaña- Javier-.
Y un hermano de nombre un tanto iconoclasta con profesión prometedora, laminero.
Laminaba todo lo que encontraba. Igual daba un trozo de madera que un yunque de trinquete. Él laminaba y a los del pueblo con ello asombraba.
El boticario, su hija y el hijo de la hija, riendo.
El alfarero parlanchín enmudecido-ironía-
Y un tumulto de gente en un entierro.
En una aldea donde las damas eran todas hermosas. Donde sus miradas, precedidas de una primera sonrisa, embriagaban de amor a los pasajeros de la noche, de un partir y de un devenir.
Todos aquellos que paraban en Cecina quedaban absortos por la belleza, naturalidad y ademanes de esas preciosidades de sonrisas perfectas.
En aquella aldea ninguna de las damas trabajaba. Se dedicaban por completo al engendro y cuidado de sus vástagos.
De manera curiosa cada una de ellas protegía, cuidaba y alimentaba a los hijos de otra.
Así pues, ni celos por su belleza ni por hijos imperfectos.
Una madre jamás alimentaba al hijo propio.
Ellos de labores varias. Leñadores, alfareros y en ocasiones,lamineros.
De todas aquellas damas Elena la más bella.
Su marido leñador y con nombre de alimaña- Javier-.
Y un hermano de nombre un tanto iconoclasta con profesión prometedora, laminero.
Laminaba todo lo que encontraba. Igual daba un trozo de madera que un yunque de trinquete. Él laminaba y a los del pueblo con ello asombraba.
El boticario, su hija y el hijo de la hija, riendo.
El alfarero parlanchín enmudecido-ironía-
Y un tumulto de gente en un entierro.
Capítulo 13
SIN IDEAS
-Debería meter un personaje raro, un paquidermo o algo así-
-Ya lo has metido en el circo...-
-Es verdad. Y, si meto un paquidermo?-
-Madre mía, estás bien?-
-Claro. Me repito o qué?-
Las nubes en composiciones varias. Elefantes, elefantes e incluso manadas de ellos en el cielo.
De todos ellos el primero con grandes colmillos y los demás, mirando atrás.
-Vaya estupidez-
-Lo se, es que no me sale nada-
-Pues no escribas-
-Es la presión-
Migraña, con falda tobillera y espino en sus tobillos.
Miraba al cielo, contemplaba y miraba.
-Cuanto mira ¿no?-
-Como para no mirar...-
Las formas paquidermas lo dejaron embriagado.
Avanzaba con paso firme mirando en alto hasta que topó.
-Vas a dejar la frase así?-
-No me sale nada no-
El cuenta cuentos retiraba sus sábanas enrolladas.
-buff-
-Vaya coñazo de capítulo-
-Tampoco es tan malo...-
-¡Pero si no pasa nada!-
Y el cuenta cuentos se muere.
-A tomar por el culo, llevaba tiempo queriendolo matar-.
-Te has pasado-
-Que no, que me despistaba ese personaje-
-Te has pasado, sí. Pobre...-
-Debería meter un personaje raro, un paquidermo o algo así-
-Ya lo has metido en el circo...-
-Es verdad. Y, si meto un paquidermo?-
-Madre mía, estás bien?-
-Claro. Me repito o qué?-
Las nubes en composiciones varias. Elefantes, elefantes e incluso manadas de ellos en el cielo.
De todos ellos el primero con grandes colmillos y los demás, mirando atrás.
-Vaya estupidez-
-Lo se, es que no me sale nada-
-Pues no escribas-
-Es la presión-
Migraña, con falda tobillera y espino en sus tobillos.
Miraba al cielo, contemplaba y miraba.
-Cuanto mira ¿no?-
-Como para no mirar...-
Las formas paquidermas lo dejaron embriagado.
Avanzaba con paso firme mirando en alto hasta que topó.
-Vas a dejar la frase así?-
-No me sale nada no-
El cuenta cuentos retiraba sus sábanas enrolladas.
-buff-
-Vaya coñazo de capítulo-
-Tampoco es tan malo...-
-¡Pero si no pasa nada!-
Y el cuenta cuentos se muere.
-A tomar por el culo, llevaba tiempo queriendolo matar-.
-Te has pasado-
-Que no, que me despistaba ese personaje-
-Te has pasado, sí. Pobre...-
jueves, 14 de junio de 2007
Capítulo 12
EL LAGO
Cinco vasos de jengibre más tarde, y aturdido ya por la aglomeración de recuerdos…Tejo alcanzó a ver, en un rincón de imagen pasada, una noticia en el tablón del pueblo…”El hombre–bala ha explotado dentro de su cañón…”. Sí, borrado en otro tiempo, rescatado ahora para la ocasión, el recuerdo del hombre-bala, ese que fue un día su héroe de sobrecogimiento, quemado dentro de su cubículo mortal.
Un “toc-toc” le sacó de su sueño de antaño. Arrastró sus viejos pies ya tocados por el efecto del jengibre hasta la puerta y abrió despacio… Nadia, la niña de nadie, sonreía infinita al otro lado del umbral. Tejo mudo, asustado, inquieto, casi mareado, susurró: el hombre-bala murió… ¿tú lo viste? Nadia asintió y entro juguetona en la casa. Tarareando, como siempre…Santas Clantas…
“Qué quieres de un viejo como yo, Nadia de nadie?”
“El lago” dijo con la voz más dulce que el alma del viejo Tejo hubiese oído jamás.
Tejo quedó absorto.
“El lago”, repitió la niña.
Tejo cogió la jarra de jengibre y se sirvió otro vaso para afrontar semejante acontecimiento.
“¿Qué quieres del lago? Sabes que es peligroso acercarse a sus aguas…”
Nadia se acerco casi levitando al viejo Tejo y le agarró de la mano. Tejo se sobresaltó incluso… esa niña no solía traer buena suerte precisamente, pero aguantó la lívida mano de la niña. “Vamos al lago”.
- Joder… acojona
- Un poco sí, verdad…?
Cinco vasos de jengibre más tarde, y aturdido ya por la aglomeración de recuerdos…Tejo alcanzó a ver, en un rincón de imagen pasada, una noticia en el tablón del pueblo…”El hombre–bala ha explotado dentro de su cañón…”. Sí, borrado en otro tiempo, rescatado ahora para la ocasión, el recuerdo del hombre-bala, ese que fue un día su héroe de sobrecogimiento, quemado dentro de su cubículo mortal.
Un “toc-toc” le sacó de su sueño de antaño. Arrastró sus viejos pies ya tocados por el efecto del jengibre hasta la puerta y abrió despacio… Nadia, la niña de nadie, sonreía infinita al otro lado del umbral. Tejo mudo, asustado, inquieto, casi mareado, susurró: el hombre-bala murió… ¿tú lo viste? Nadia asintió y entro juguetona en la casa. Tarareando, como siempre…Santas Clantas…
“Qué quieres de un viejo como yo, Nadia de nadie?”
“El lago” dijo con la voz más dulce que el alma del viejo Tejo hubiese oído jamás.
Tejo quedó absorto.
“El lago”, repitió la niña.
Tejo cogió la jarra de jengibre y se sirvió otro vaso para afrontar semejante acontecimiento.
“¿Qué quieres del lago? Sabes que es peligroso acercarse a sus aguas…”
Nadia se acerco casi levitando al viejo Tejo y le agarró de la mano. Tejo se sobresaltó incluso… esa niña no solía traer buena suerte precisamente, pero aguantó la lívida mano de la niña. “Vamos al lago”.
- Joder… acojona
- Un poco sí, verdad…?
Capítulo 11
LA MECHA
Un circo de postín.
No faltaban mujeres barbudas- cuatro- ni elefantes rampantes.
Monos y hormigas tenían cabida
El circo era una maravilla.
-Eres bueno capullo-
-Calla, he de concentrarme-
El címax llegaba con el hombre bala. Dispuesto en traje rojo y provisto de capa, su función, volar por los aires y, caer en red puesta a su disposición.
Un hombre encargado de prender mecha.
Un hombre al cual, la muerte acecha.
-¿Lo vas a matar?
-No se... quizá un poco de dramatismo no vendría mal-
-Pobre hombre bala... le había cogido cariño-.
El hombre encargado de prender la mecha uniformado con sombrero cigüeñal.
Fósforo en mano izquierda, megáfono en la opuesta.
Prendió una noche de agosto
El hombre bala angosto.
Luces en la oscuridad de un cañón
Fuego en las carnes de un señor.
Raudos y con gritos de angustia lo sacaron.
Quemado.
-Pobre hombre bala, ha muerto?
-Veremos, veremos-.
Un circo de postín.
No faltaban mujeres barbudas- cuatro- ni elefantes rampantes.
Monos y hormigas tenían cabida
El circo era una maravilla.
-Eres bueno capullo-
-Calla, he de concentrarme-
El címax llegaba con el hombre bala. Dispuesto en traje rojo y provisto de capa, su función, volar por los aires y, caer en red puesta a su disposición.
Un hombre encargado de prender mecha.
Un hombre al cual, la muerte acecha.
-¿Lo vas a matar?
-No se... quizá un poco de dramatismo no vendría mal-
-Pobre hombre bala... le había cogido cariño-.
El hombre encargado de prender la mecha uniformado con sombrero cigüeñal.
Fósforo en mano izquierda, megáfono en la opuesta.
Prendió una noche de agosto
El hombre bala angosto.
Luces en la oscuridad de un cañón
Fuego en las carnes de un señor.
Raudos y con gritos de angustia lo sacaron.
Quemado.
-Pobre hombre bala, ha muerto?
-Veremos, veremos-.
Capítulo 10
CIRCUS
“Hombre-bala”, susurró una vez más. Qué extraño… La aparición del cuenta cuentos, la canción de Nadia, la niña errante, y aquel recuerdo de niñez… Fray Fray, monje de otra época que educó un tiempo a Tejo cuando murió su abuela, le llevó una vez al circo. Aún recupera la fantástica y ya casi perdida visión de la mujer barbuda, de los payasos, del oso que hacía cabriolas y, cómo no… del valiente hombre-bala al que, en aquella ocasión no vio volar, pues la pólvora del cañón estaba humedecida por la lluvia. Ahora, mucho tiempo después, Tejo se plantea si aquello sería casual o realmente aquel personaje, ataviado con traje rojo y capa, nunca era disparado… en cualquier caso, todo aquello le resultaba extrañamente familiar. Se sentó y se sirvió un vaso de jengibre para meditar mejor… o para olvidarse del tema, no lo tenía muy claro…
- Va?
- Va…
“Hombre-bala”, susurró una vez más. Qué extraño… La aparición del cuenta cuentos, la canción de Nadia, la niña errante, y aquel recuerdo de niñez… Fray Fray, monje de otra época que educó un tiempo a Tejo cuando murió su abuela, le llevó una vez al circo. Aún recupera la fantástica y ya casi perdida visión de la mujer barbuda, de los payasos, del oso que hacía cabriolas y, cómo no… del valiente hombre-bala al que, en aquella ocasión no vio volar, pues la pólvora del cañón estaba humedecida por la lluvia. Ahora, mucho tiempo después, Tejo se plantea si aquello sería casual o realmente aquel personaje, ataviado con traje rojo y capa, nunca era disparado… en cualquier caso, todo aquello le resultaba extrañamente familiar. Se sentó y se sirvió un vaso de jengibre para meditar mejor… o para olvidarse del tema, no lo tenía muy claro…
- Va?
- Va…
Capítulo 9
EL MONASTERIO
-Un monasterio, hay que meter un monasterio-
-Joder, y la niña?-
-La niña ya está introducida, ahora hay que crear espacios, lugares-
-Un monasterio... para que se note que es como medieval la historia ¿no?-
-Mira que eres pesadito... calla y atiende-
Un monasterio en un risco...
-¡Ahí ya has puesto al cuenta cuentos!
-Mierda-
Un monasterio en las faldas de una doncella...
-Eso es imposible-
-Es una comparación, idiota. Como era tan hermoso el lugar... Entiendes?
-Ah-
Un monasterio en las faldas de una doncella. Torres- tres- inclinadas por el paso del tiempo, por los vientos del sur, encaminándolas hacia un cielo todavía muy lejano.
Piedra novecentista, techumbres de pizarra...
-Podían ser a dos aguas las techumbres...-
-Ahí tienes razon-
...Techumbres a dos aguas que escupían las tormentas sin menor desprecio.
-Ahí le has dado-
-Lo se, lo se-
Monasterio de almas perdidas.
Alojo y sonrojo de almas desdichadas.
-Y ahora qué-
-Ahora un circo-
Un circo de...
-Un monasterio, hay que meter un monasterio-
-Joder, y la niña?-
-La niña ya está introducida, ahora hay que crear espacios, lugares-
-Un monasterio... para que se note que es como medieval la historia ¿no?-
-Mira que eres pesadito... calla y atiende-
Un monasterio en un risco...
-¡Ahí ya has puesto al cuenta cuentos!
-Mierda-
Un monasterio en las faldas de una doncella...
-Eso es imposible-
-Es una comparación, idiota. Como era tan hermoso el lugar... Entiendes?
-Ah-
Un monasterio en las faldas de una doncella. Torres- tres- inclinadas por el paso del tiempo, por los vientos del sur, encaminándolas hacia un cielo todavía muy lejano.
Piedra novecentista, techumbres de pizarra...
-Podían ser a dos aguas las techumbres...-
-Ahí tienes razon-
...Techumbres a dos aguas que escupían las tormentas sin menor desprecio.
-Ahí le has dado-
-Lo se, lo se-
Monasterio de almas perdidas.
Alojo y sonrojo de almas desdichadas.
-Y ahora qué-
-Ahora un circo-
Un circo de...
Capitulo 8
NADIA
La niña Nadia se llamaba, por ser un bebé no esperado en su día. Nació del revés y no lloró, para qué… Sus ojos siempre mirando un infinito insultante para el resto, su boca siempre con sonrisa irónica. Su madre murió en el parto y su padre pronto se recluyó en el monasterio donde Fray Fray acogía a los desesperados de la vida. Ella, de infinita mirada y soberbia incertidumbre, iba y venía en pos de los acontecimientos claves y aparecía en los momentos más delicados. Nadie de Nadia nada sabía, ni tan sólo sospechaba, pues se mostraba, marchaba y ningún rastro dejaba. Tan sólo, quizás una canción… Nadia, ya de nadie, como fantasma vagaba.
La niña Nadia se llamaba, por ser un bebé no esperado en su día. Nació del revés y no lloró, para qué… Sus ojos siempre mirando un infinito insultante para el resto, su boca siempre con sonrisa irónica. Su madre murió en el parto y su padre pronto se recluyó en el monasterio donde Fray Fray acogía a los desesperados de la vida. Ella, de infinita mirada y soberbia incertidumbre, iba y venía en pos de los acontecimientos claves y aparecía en los momentos más delicados. Nadie de Nadia nada sabía, ni tan sólo sospechaba, pues se mostraba, marchaba y ningún rastro dejaba. Tan sólo, quizás una canción… Nadia, ya de nadie, como fantasma vagaba.
miércoles, 13 de junio de 2007
Capítulo 7
SÁBANAS
De lo ocurrido en aquella noche de cúmulos y limbos correremos tupido velo.
El cuenta cuentos amaneció encogido. Engullido por una sábana enrollada en su cuerpo como posesa al poseído.
-!Ya estamos!-
-Calla, que ha quedado bien-
Cal raída en las paredes como luciferes en hambriento destino y la altamira tumbada en un precipitar con pezuñas clavadas al azar.
El Cuenta cuentos bañado en agua propia. Sudores en ambas piernas, resecos sus pies envueltos.
Un tira y afloja en lucha permanente con una sábana enrollada a su cuerpo.
Media mañana y apenas un brazo suelto.
Mientras, en la aldea, una niña y una canción.
-Ahora una niña. ¿Te gustan o qué?-
-No es eso... es que da emoción al argumento.-
-Ya!. Lo que pasa es que si no pones una niña te mueres-
-No seas bobo...verás...la niña dará juego-
-Eso espero-.
Santas Clantas, Santas Clantas...
- Y esa chorrada?-
- Se me ocurre, una canción-.
Medio día y los dos brazos libres tenía...
De lo ocurrido en aquella noche de cúmulos y limbos correremos tupido velo.
El cuenta cuentos amaneció encogido. Engullido por una sábana enrollada en su cuerpo como posesa al poseído.
-!Ya estamos!-
-Calla, que ha quedado bien-
Cal raída en las paredes como luciferes en hambriento destino y la altamira tumbada en un precipitar con pezuñas clavadas al azar.
El Cuenta cuentos bañado en agua propia. Sudores en ambas piernas, resecos sus pies envueltos.
Un tira y afloja en lucha permanente con una sábana enrollada a su cuerpo.
Media mañana y apenas un brazo suelto.
Mientras, en la aldea, una niña y una canción.
-Ahora una niña. ¿Te gustan o qué?-
-No es eso... es que da emoción al argumento.-
-Ya!. Lo que pasa es que si no pones una niña te mueres-
-No seas bobo...verás...la niña dará juego-
-Eso espero-.
Santas Clantas, Santas Clantas...
- Y esa chorrada?-
- Se me ocurre, una canción-.
Medio día y los dos brazos libres tenía...
Capitulo 6
SANTOS CANTARES
- Oye, nos vamos a poner de acuerdo o qué? –
- En qué?
- Joder, en la historia…
- Pues ya va…Ya va cogiendo forma
Tejo sólo había visto un par de veces al cuenta cuentos, y le resultó impactante cuando menos. Llamó su atención semejante sombrero cigüeñal y tal diabólico mirar. No se dirigieron la palabra, sólo se miraron. Tejo agua le vendió, el otro la compró.
Santas Clantas
Volverán tormentas
Santas Clantas
La ira de la Virgen
La muerte de las vacas
Cantaba una niña que pasaba jugando con excremento de burro.
Santas clantas
Los cegadores rayos
La muerte de los caballos
Y así…
Tejo se encogió, se dio la vuelta y en casa se metió. Tras la puerta quedose, pensando en un antiguo circo donde otrora oyó aquella canción… Santas Clantas…proteged al intrépido hombre-bala…
“Hombre-bala…” susurró.
- Oye, nos vamos a poner de acuerdo o qué? –
- En qué?
- Joder, en la historia…
- Pues ya va…Ya va cogiendo forma
Tejo sólo había visto un par de veces al cuenta cuentos, y le resultó impactante cuando menos. Llamó su atención semejante sombrero cigüeñal y tal diabólico mirar. No se dirigieron la palabra, sólo se miraron. Tejo agua le vendió, el otro la compró.
Santas Clantas
Volverán tormentas
Santas Clantas
La ira de la Virgen
La muerte de las vacas
Cantaba una niña que pasaba jugando con excremento de burro.
Santas clantas
Los cegadores rayos
La muerte de los caballos
Y así…
Tejo se encogió, se dio la vuelta y en casa se metió. Tras la puerta quedose, pensando en un antiguo circo donde otrora oyó aquella canción… Santas Clantas…proteged al intrépido hombre-bala…
“Hombre-bala…” susurró.
Capítulo 5
HOMBRE BALA
-¿Sabes? igual mato al cuenta cuentos-.
-No jodas. Por qué? Es entrañable desde sus inicios-.
-No creas. Lo de la ameba, me va, me va , me va... -
-Jajajajaja estás gracioso hoy-.
- Pero es que este cuenta cuentos me aburre. Podía despeñarlo un día de tormenta en monte Pucio. Un día de romería.
- Pena me da. Era entrañable-.
-A ver, déjame pensar-
Donde mirare y lo que pensare era dueño del diablo.
Un sombrero cigüeñal de altos vuelos sobre su cabeza que hacía de él personaje de grandeza.
Y una pose derecha aun cuando la centena acecha.
-Ya estás con tus rimas-
-Le dan altura literaria-
-Le dan, le dan , le dan-
-!Poca gracia tienes hijo¡
Dormitorio de estancia opaca y carente de sentido ordinario-blasfemo-.
Sala principal, con altamira y cal.
De favores pocos y razones varias, a Tejo encontró.
Agua de pozo fresco
Tejo metió presto.
-Rimas y más rimas-
-Si te fijaras en ellas... casi que cantan-
-Y Tejo?-
-Yo qué se, ahí está de momento-
De madrugada, una noche cerrada, en candilejas, un rumor del pasado.
Un susurro leve y unas palabras malditas- hombre bala-.
-Y ahora lo mato-
-Pobre...-
-Es que no le encuentro sentido a este personaje-
-Y entonces por qué meter a Tejo?-.
-Demosle pues... una oportunidad-
Un susurro...-hombre bala-.
-¿Sabes? igual mato al cuenta cuentos-.
-No jodas. Por qué? Es entrañable desde sus inicios-.
-No creas. Lo de la ameba, me va, me va , me va... -
-Jajajajaja estás gracioso hoy-.
- Pero es que este cuenta cuentos me aburre. Podía despeñarlo un día de tormenta en monte Pucio. Un día de romería.
- Pena me da. Era entrañable-.
-A ver, déjame pensar-
Donde mirare y lo que pensare era dueño del diablo.
Un sombrero cigüeñal de altos vuelos sobre su cabeza que hacía de él personaje de grandeza.
Y una pose derecha aun cuando la centena acecha.
-Ya estás con tus rimas-
-Le dan altura literaria-
-Le dan, le dan , le dan-
-!Poca gracia tienes hijo¡
Dormitorio de estancia opaca y carente de sentido ordinario-blasfemo-.
Sala principal, con altamira y cal.
De favores pocos y razones varias, a Tejo encontró.
Agua de pozo fresco
Tejo metió presto.
-Rimas y más rimas-
-Si te fijaras en ellas... casi que cantan-
-Y Tejo?-
-Yo qué se, ahí está de momento-
De madrugada, una noche cerrada, en candilejas, un rumor del pasado.
Un susurro leve y unas palabras malditas- hombre bala-.
-Y ahora lo mato-
-Pobre...-
-Es que no le encuentro sentido a este personaje-
-Y entonces por qué meter a Tejo?-.
-Demosle pues... una oportunidad-
Un susurro...-hombre bala-.
Capitulo 4
EL NEGOCIADO
En la aldea, llamada Cecina por ser ésta su mayor producción, a Tejo lo tenían por un ser solitario y anodino. Sólo había un ser parecido en todo el reino, un cuenta cuentos que moraba en las montañas que rodeaban toda la región. Tejo, ya viejo, andaba encorvado y con una especie de andrajo que quizás en otros tiempos fuera un hábito de monje.
- Seguimos animados, eh? –
- Joder… hay que describir al personaje…-
- Sí, pero coño, vaya personajito agradable… -
- Anda… déjame… -
Rara vez se le veía por la aldea, ya que vivía a las afueras y no entraba en ella salvo a comprar cecina, pan o jengibre. Pero como disponía del pozo de agua más limpia y pura del lugar, la gente se veía obligada a aparecer por su casa a comprarle tan delicioso y necesario líquido. Llegaban, intentaban sonreírle, le pagaban con cuentas o monedas (o servicios las más ligeras) y se iban apresuradamente con el cubo lleno de agua.
- Me aburro…-
- Vete a la mierda…-
En la aldea, llamada Cecina por ser ésta su mayor producción, a Tejo lo tenían por un ser solitario y anodino. Sólo había un ser parecido en todo el reino, un cuenta cuentos que moraba en las montañas que rodeaban toda la región. Tejo, ya viejo, andaba encorvado y con una especie de andrajo que quizás en otros tiempos fuera un hábito de monje.
- Seguimos animados, eh? –
- Joder… hay que describir al personaje…-
- Sí, pero coño, vaya personajito agradable… -
- Anda… déjame… -
Rara vez se le veía por la aldea, ya que vivía a las afueras y no entraba en ella salvo a comprar cecina, pan o jengibre. Pero como disponía del pozo de agua más limpia y pura del lugar, la gente se veía obligada a aparecer por su casa a comprarle tan delicioso y necesario líquido. Llegaban, intentaban sonreírle, le pagaban con cuentas o monedas (o servicios las más ligeras) y se iban apresuradamente con el cubo lleno de agua.
- Me aburro…-
- Vete a la mierda…-
Capítulo 3
EN BANDOLERA
El cuenta cuentos de edad indeterminada- próxima a la centena- dormitaba pensando en historias venideras. Vivía alejado en montaña de altos riscos y con ventanales orientados al sur.
Ropajes herejes- pistolera en bandolera- y sombrero en forma cigüeñal.
Turbio su pasado, apeló a la justicia divina implorando un perdón que llegaría acaso, en horas de su muerte.
Monte Pucio como remedio de un pasado perseguido por la muerte.
-Pues no estás tu dramático ni nada-
-Qué quieres, por lo menos no rimo cecina con supina-
-también es verdad pero... yo lo haría, rima bien-
-Anda calla, déjame continuar-.
-Vale pero... mete la cecina por favor-
-Pesadito estás por Dios-
De padres adiestrados en el noble negocio del circo, nuestro cuenta cuentos vivió cual ameba en río revuelto.
-Bonita comparación-
-Lo se, se me dan bien-
Tras la montaña ,dos aldeas y un monte.
Virgen de traviesa sonrisa en su cima, bajo ella, cecina.
- Me gusta-
- Es que aquí pega, por eso la ha puesto.
-Ah-.
Monte Pucio de virgen traviesa
Una romería, una fiesta.
El cuenta cuentos de edad indeterminada- próxima a la centena- dormitaba pensando en historias venideras. Vivía alejado en montaña de altos riscos y con ventanales orientados al sur.
Ropajes herejes- pistolera en bandolera- y sombrero en forma cigüeñal.
Turbio su pasado, apeló a la justicia divina implorando un perdón que llegaría acaso, en horas de su muerte.
Monte Pucio como remedio de un pasado perseguido por la muerte.
-Pues no estás tu dramático ni nada-
-Qué quieres, por lo menos no rimo cecina con supina-
-también es verdad pero... yo lo haría, rima bien-
-Anda calla, déjame continuar-.
-Vale pero... mete la cecina por favor-
-Pesadito estás por Dios-
De padres adiestrados en el noble negocio del circo, nuestro cuenta cuentos vivió cual ameba en río revuelto.
-Bonita comparación-
-Lo se, se me dan bien-
Tras la montaña ,dos aldeas y un monte.
Virgen de traviesa sonrisa en su cima, bajo ella, cecina.
- Me gusta-
- Es que aquí pega, por eso la ha puesto.
-Ah-.
Monte Pucio de virgen traviesa
Una romería, una fiesta.
Capítulo 2
TEJO
Tejo, el huraño, vivía a las afueras de la aldea. Una casa de piedra, de techumbre a dos aguas, granero adosado y pozo en propiedad. Sus campos, tampoco muy extensos, contaban olivos, almendros y algún peral. Allí se había criado, de familia dedicada al campo y a la venta de agua del pozo, que era lo que más renta dejaba. La familia, de hijo único, vivía feliz y tranquila hasta que la normalidad se tornó tragedia. Padre y madre salieron de romería como todos los años. A Tejo lo dejaron con su abuela, ya impedida para la peregrinación hasta la ermita de la Virgen del Pucio. Para subir a la ermita, en lo alto del monte Pucio, el camino es duro y peligroso. Sendero de penitencia y devoción. El día amaneció bello de primavera, de cielo azul y canto de pájaros por doquier. Pero cuando la Romería comenzó el duro ascenso a las santificadas alturas, una tormenta lo cubrió todo en breves momentos. Viento, agua, granizo incluso. La gente asustada, casi sin ver el camino, casi sin reconocer ya la fe. La Virgen arriba, en lo alto; sonriente, imperturbable, divina. La gente resbalando en el barrizal. La tempestad rugiendo. Un resbalón:
“no! agárrate mujer”,
“no puedo”
“por amor de Dios!”
La alcanza de la mano. “No caerás…”
Pero dios no tenía suficiente amor esa tarde. Ni la divina Virgen.
Un rayo, un estruendo, piedras cayendo…
Así Tejo quedó huérfano. Así, al poco, su abuela murió, y así quedó solo.
Así Tejo huraño se tornó. Huraño, cayado y ateo. Incluso procuraba no mirar ni dos segundos (de los de entonces) al monte Pucio, y lo rodeaba de bien lejos para ir a la aldea vecina, cuando va a vender la oliva, la almendra y la pera, aunque el agua del pozo es lo que más le rentaba.
- ¿Qué te parece? -
- joder... un poco dramático el comienzo, no? -
- Hay que empezar con fuerza... Para enganchar...-
- Ya veo, ya... -
Tejo, el huraño, vivía a las afueras de la aldea. Una casa de piedra, de techumbre a dos aguas, granero adosado y pozo en propiedad. Sus campos, tampoco muy extensos, contaban olivos, almendros y algún peral. Allí se había criado, de familia dedicada al campo y a la venta de agua del pozo, que era lo que más renta dejaba. La familia, de hijo único, vivía feliz y tranquila hasta que la normalidad se tornó tragedia. Padre y madre salieron de romería como todos los años. A Tejo lo dejaron con su abuela, ya impedida para la peregrinación hasta la ermita de la Virgen del Pucio. Para subir a la ermita, en lo alto del monte Pucio, el camino es duro y peligroso. Sendero de penitencia y devoción. El día amaneció bello de primavera, de cielo azul y canto de pájaros por doquier. Pero cuando la Romería comenzó el duro ascenso a las santificadas alturas, una tormenta lo cubrió todo en breves momentos. Viento, agua, granizo incluso. La gente asustada, casi sin ver el camino, casi sin reconocer ya la fe. La Virgen arriba, en lo alto; sonriente, imperturbable, divina. La gente resbalando en el barrizal. La tempestad rugiendo. Un resbalón:
“no! agárrate mujer”,
“no puedo”
“por amor de Dios!”
La alcanza de la mano. “No caerás…”
Pero dios no tenía suficiente amor esa tarde. Ni la divina Virgen.
Un rayo, un estruendo, piedras cayendo…
Así Tejo quedó huérfano. Así, al poco, su abuela murió, y así quedó solo.
Así Tejo huraño se tornó. Huraño, cayado y ateo. Incluso procuraba no mirar ni dos segundos (de los de entonces) al monte Pucio, y lo rodeaba de bien lejos para ir a la aldea vecina, cuando va a vender la oliva, la almendra y la pera, aunque el agua del pozo es lo que más le rentaba.
- ¿Qué te parece? -
- joder... un poco dramático el comienzo, no? -
- Hay que empezar con fuerza... Para enganchar...-
- Ya veo, ya... -
Capítulo 1
ADEMANES TEATRILES
De los cinco sentidos que tenía, al cuarto era al que más temía.
La gula.
- !Eso no es un sentido animal!-
- !Llegó el perfeccionista!-
- Es que lo que no puedes hacer es comenzar un cuento con imprecisión inmediata-.
-Mira que eres pedante...De acuerdo, cambiaré el principio. Pesadito eres-.
Si de pecados capitales hablamos el quinto era al que más temía.
La gula.
Sus ofuscados ojos observaban panecillos y...
- Qué pongo-
- Cecina, que luego rima-
Sus ofuscados ojos observaban panecillos y cecina con ansiedad supina.
-!Te has pasado!-
-No querías que rimara? Pues esto rima-
-Venga, sigue-
De porte nauseabundo y ademanes vagabundos...
Dos escritores en ciernes.
Dos personajes con afanes teatriles en tiempos del cólera- gracias-.
Dos, en un viaje diferente.
Si de sus cabellos hablamos
Cortos nos quedamos...
-Realmente eres malo, muy malo. Anda, dejame a mi-.
...
De los cinco sentidos que tenía, al cuarto era al que más temía.
La gula.
- !Eso no es un sentido animal!-
- !Llegó el perfeccionista!-
- Es que lo que no puedes hacer es comenzar un cuento con imprecisión inmediata-.
-Mira que eres pedante...De acuerdo, cambiaré el principio. Pesadito eres-.
Si de pecados capitales hablamos el quinto era al que más temía.
La gula.
Sus ofuscados ojos observaban panecillos y...
- Qué pongo-
- Cecina, que luego rima-
Sus ofuscados ojos observaban panecillos y cecina con ansiedad supina.
-!Te has pasado!-
-No querías que rimara? Pues esto rima-
-Venga, sigue-
De porte nauseabundo y ademanes vagabundos...
Dos escritores en ciernes.
Dos personajes con afanes teatriles en tiempos del cólera- gracias-.
Dos, en un viaje diferente.
Si de sus cabellos hablamos
Cortos nos quedamos...
-Realmente eres malo, muy malo. Anda, dejame a mi-.
...
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