ASTRAKAN II
Astrakan, de piernas curvadas,
vivía en su cobijo, entre relojes parados
y conchas lacadas.
Odiaba tanto a los humanos como a otros subseres,
miserables de la vida, perdidos trenes.
Asobinao y egoísta, a las sirenas (inalcanzables) no perdía de vista.
Su día trascurría casi siempre tumbado entre algas y sueños de grandeza.
Ante la rutina, desnuda le invadía la pereza.
Sucio, dejado, piel oscura y cabello rizado.
La cabeza ida, su pensamiento pirado.
Así era, malo como la tana:
mató a Rano Cuano y también a su hermana.
¡Fue el alcohol, fue el alcohol! Al juez reclamaba.
Pero el juez sentenció: culpable, asesino.
Malo, borracho y cabrón,
Hacer el mal fue su sino.
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