CIRCO II
Los circos de aquella época eran singulares.
Carecían de carpas funcionales para la lluvia. Sin techumbre y apenas medios, la medida era desproporcional y proporcional al medio- un lío-.
Los elefantes y paquidermos que, en algo se diferenciaban por entonces, seguían con triste mirar a sus domadores. Sus trompas en parsimonioso baile y sus colas enrochadas.
De nombre austeros, al último Pedro.
Bañados a diario en terrenos adyacentes, el más cercano, un lago.
Mientras, en lo alto del risco, en un monasterio, Carlo admirando todo cuanto sus ojos podían ver.
-Vaya, vaya- Y sonreía...
jueves, 21 de junio de 2007
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