Inmortabilidad III
Andaba Rano-Cuano sentado –ironía-, observando sus cosas de la vida, cuando le pareció fliparlo. El sol, en lo alto, iluminaba todo lo que no se ocultaba en las sombras del cobijo. La hierba: iluminada; los olivos: iluminados; el bordecillo del pozo: iluminado; Tejo: a la sombra bebiendo jengibre (no te creas tú que…)(este no para de darle al morapio…). En fin, que Rano-Cuano de pronto ve que hay otro sol. –joder, … no puede ser– exclamó para sí. Observador como era, Rano-Cuano miró de nuevo al sol (no lo hagáis sin crema en los ojos) y remiró al otro sol. –Esto lo he soñado…–(fallo en Matrix)- se dijo. Veía otro astro en el agua! Pero qué sindiós! Rano-Cuano, loco de inquietud se lanzó al agua a ver ese nuevo sol. Sumergido ya, no encontró nada salvo oscuridad. Esto mosquea a cualquiera, y más a un batracio, que ya se sabe como las gastan…Total, que salió al bordecillo otra vez. Y allá arriba el sol y…Hostias! En el agua, de nuevo, otra luz brillaba.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario