EL TRASMUNDO
Esponjoso y viscoso,
suave como un bizcocho.
La sensación era la de flotar.
Azul por más señas,
las distancias de agua rellenas.
Tejo y Nadia, el viejo y la niña, deambulaban haciéndose todavía al medio. Tranquilidad, paz, relax… Algas a ritmo, peces, cangrejos y alguna culebrilla de un ojo nadaban a sus anchas por tan especial mundo.
“Santas Clantas” la niña iba cantando cuando un carbonizado espectro apareció ante ellos. –He oído que me buscabais- comentó el ser. Tejo y Nadia quedaron pensando… –El hombre-bala… – Susurró Tejo…
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