TEJO
Tejo, el huraño, vivía a las afueras de la aldea. Una casa de piedra, de techumbre a dos aguas, granero adosado y pozo en propiedad. Sus campos, tampoco muy extensos, contaban olivos, almendros y algún peral. Allí se había criado, de familia dedicada al campo y a la venta de agua del pozo, que era lo que más renta dejaba. La familia, de hijo único, vivía feliz y tranquila hasta que la normalidad se tornó tragedia. Padre y madre salieron de romería como todos los años. A Tejo lo dejaron con su abuela, ya impedida para la peregrinación hasta la ermita de la Virgen del Pucio. Para subir a la ermita, en lo alto del monte Pucio, el camino es duro y peligroso. Sendero de penitencia y devoción. El día amaneció bello de primavera, de cielo azul y canto de pájaros por doquier. Pero cuando la Romería comenzó el duro ascenso a las santificadas alturas, una tormenta lo cubrió todo en breves momentos. Viento, agua, granizo incluso. La gente asustada, casi sin ver el camino, casi sin reconocer ya la fe. La Virgen arriba, en lo alto; sonriente, imperturbable, divina. La gente resbalando en el barrizal. La tempestad rugiendo. Un resbalón:
“no! agárrate mujer”,
“no puedo”
“por amor de Dios!”
La alcanza de la mano. “No caerás…”
Pero dios no tenía suficiente amor esa tarde. Ni la divina Virgen.
Un rayo, un estruendo, piedras cayendo…
Así Tejo quedó huérfano. Así, al poco, su abuela murió, y así quedó solo.
Así Tejo huraño se tornó. Huraño, cayado y ateo. Incluso procuraba no mirar ni dos segundos (de los de entonces) al monte Pucio, y lo rodeaba de bien lejos para ir a la aldea vecina, cuando va a vender la oliva, la almendra y la pera, aunque el agua del pozo es lo que más le rentaba.
- ¿Qué te parece? -
- joder... un poco dramático el comienzo, no? -
- Hay que empezar con fuerza... Para enganchar...-
- Ya veo, ya... -
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1 comentario:
¿Resucitará Lui? Es el mejor
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