viernes, 15 de junio de 2007

Capítulo 14

CECINA

En una aldea donde las damas eran todas hermosas. Donde sus miradas, precedidas de una primera sonrisa, embriagaban de amor a los pasajeros de la noche, de un partir y de un devenir.
Todos aquellos que paraban en Cecina quedaban absortos por la belleza, naturalidad y ademanes de esas preciosidades de sonrisas perfectas.
En aquella aldea ninguna de las damas trabajaba. Se dedicaban por completo al engendro y cuidado de sus vástagos.
De manera curiosa cada una de ellas protegía, cuidaba y alimentaba a los hijos de otra.
Así pues, ni celos por su belleza ni por hijos imperfectos.
Una madre jamás alimentaba al hijo propio.

Ellos de labores varias. Leñadores, alfareros y en ocasiones,lamineros.

De todas aquellas damas Elena la más bella.
Su marido leñador y con nombre de alimaña- Javier-.
Y un hermano de nombre un tanto iconoclasta con profesión prometedora, laminero.
Laminaba todo lo que encontraba. Igual daba un trozo de madera que un yunque de trinquete. Él laminaba y a los del pueblo con ello asombraba.

El boticario, su hija y el hijo de la hija, riendo.
El alfarero parlanchín enmudecido-ironía-
Y un tumulto de gente en un entierro.

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