EL TRASMUNDO II
Una sombra de barco en la superficie, una sombra de espectro en el fondo. Del hombre bala sólo quedaban ya los azules ojos de su juventud. El resto aparecía como una masa informe y carbonizada. –Tú eres la niña que me busca…?– Preguntó el espectro. Nadia, medio asustada por primera vez, asintió con la cabeza, sin parpadear siquiera a ese par de azules inmensos e inquisidores. – A ti y al Cuenta Cuentos. Sois las piezas clave – Contestaba la niña sobreponiéndose un poco en el momento en que un grupo de sombras, salidas de la nada, avanzaron a toda velocidad hacia ellos. -–Cuidado! Son las Dríadas!– gritó el Hombre-bala. No dio tiempo a nada. Sombras, masas, gusanos, turbulencia… Confusión y soledad.
Cuando despertó Tejo del mareo causado por el torbellino de acontecimientos se encontró solo. Miró a un lado y a otro… Nada. Miró arriba. El sol parecía estar en el horizonte del mundo real. Pronto anochecería. ¿Cómo sería ese mundo tan extraño por la noche? ¿Quién se había llevado a Nadia y por qué? ¿qué sería de ella? ¿Y que iba a hacer él? Intentó entonar un La menor y susurró… -–Santas Clantas, Santas Clantas…–
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