LA LUZ
En un mundo cruel donde las imperfecciones eran enviados del diablo y donde cualquier defecto notorio era percibido como mensaje del mal, un muchacho, Carlo no tenía cabida.
Con treinta y seis años cumplidos, la mayoría, los había pasado en la oscuridad.
En mazmorra de un viejo monasterio.
Con apenas unos cuidados efímeros por parte de un cuenta cuentos recién muerto y, con éste, bajo tierra ... era ya hora de salir a la luz.
Disponía de cabeza como mesa camilla de a cuatro. Unos ojos bolseros que si apretabas en ellos, lágrimas por doquier y, gordo, bastante gordo.
Oculto en la oscuridad, la muerte, la luz le dará.
Salió de su escondrijo con gracejo. Miró a su alrededor.
Nada recordaba de aquella estancia. La frialdad apoderada de un bastión en una montaña.
Copas de único uso y algún plato esparcido en una mesa de proporciones intrínsecas.- curioso-.
Cegado todavía por una luz en su apogéo tan sólo pudo decir...
- ¡vaya!-.
Mientras, abajo, en Cecina la muchedumbre agolpada, quizá temerosa, de la salida de un antiguo monstruo que creían ya olvidado.
-Parece un personaje peculiar-
-Sí, se me ha ocurrido. Ya sabes, en aquellos tiempos...-
-Sí, lo se-
-Pero no lo mates ¿vale?-
-Ummm... veremos, veremos...-
jueves, 21 de junio de 2007
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