jueves, 14 de junio de 2007

Capítulo 12

EL LAGO

Cinco vasos de jengibre más tarde, y aturdido ya por la aglomeración de recuerdos…Tejo alcanzó a ver, en un rincón de imagen pasada, una noticia en el tablón del pueblo…”El hombre–bala ha explotado dentro de su cañón…”. Sí, borrado en otro tiempo, rescatado ahora para la ocasión, el recuerdo del hombre-bala, ese que fue un día su héroe de sobrecogimiento, quemado dentro de su cubículo mortal.
Un “toc-toc” le sacó de su sueño de antaño. Arrastró sus viejos pies ya tocados por el efecto del jengibre hasta la puerta y abrió despacio… Nadia, la niña de nadie, sonreía infinita al otro lado del umbral. Tejo mudo, asustado, inquieto, casi mareado, susurró: el hombre-bala murió… ¿tú lo viste? Nadia asintió y entro juguetona en la casa. Tarareando, como siempre…Santas Clantas…
“Qué quieres de un viejo como yo, Nadia de nadie?”
“El lago” dijo con la voz más dulce que el alma del viejo Tejo hubiese oído jamás.
Tejo quedó absorto.
“El lago”, repitió la niña.
Tejo cogió la jarra de jengibre y se sirvió otro vaso para afrontar semejante acontecimiento.
“¿Qué quieres del lago? Sabes que es peligroso acercarse a sus aguas…”
Nadia se acerco casi levitando al viejo Tejo y le agarró de la mano. Tejo se sobresaltó incluso… esa niña no solía traer buena suerte precisamente, pero aguantó la lívida mano de la niña. “Vamos al lago”.

- Joder… acojona
- Un poco sí, verdad…?

1 comentario:

Anónimo dijo...

propongo que introduzcais la canción de santas clantas...