SOBREMESA-el porqué
Después de cenar, un reposo.
Como el oso, Rano-Cuano, lleno y esponjoso.
Medio flipado, de hecho, por el jengibre de dos años en barbecho.
–De aquí al lago hay un trecho– proclamó el viejo.
–Pero a lo hecho, pecho–
Contestó su admirada e imaginaria criatura
(de hermoso pelo y estrecha figura).
Tejó explicó su andadura,
de cómo se metió en el túnel del trasmundo,
a pesar del miedo y el decapitado Hombre-bala –nauseabundo-.
Y de cómo, a tientas, anduvo a lo largo de la cueva,
distancia severa, como coño de ramera.
Y llegó a una chimenea, donde se adivinaba algo,
–no sabía si bueno o malo– aclaró a Rano-Cuano.
Y se acercó y algo lo absorbió.
Hacia arriba, hacia un lado,
intentando respirar, agonizando,
al fin llegó al pozo, donde,
con ayuda del batracio, salió reptando.
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