EL CUADRO
Tejo salió del pozo con ayuda de Rano-Cuano y, comenzando una animada conversación de esto y lo otro, se percataron de su longeva vecindad. Tejo entró en la casa, invitando al recién conocido Rano-Cuano que no veía ya de hambre que tenía. –Ah, estás aquí!– Dijo Tejo a Ayuda, su amiga imaginaria. Ponnos un poco de jengibre, anda, que venimos los dos que caemos de sustos varios. El batracio sugirió que algo de comer no estaría mal tampoco –Algo de comer no estaría mal…–dijo. Y fue cuando Tejo fue al armario de las viandas a sacar algo de pan con liendres cuando se fijó en aquel cuadro… Un viejo amigo se lo regaló en otros tiempos. Aquellos tiempos sanos y verdes, que corrían más lentos o rápidos según se mirara… Aquel cuadro… Un circo y un animal piernicurvo en un monociclo… era todo tan familiar…
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